Al Xavi no le gusta nada ir a misa los domingos. Que si es un rollo, que
si no entiendo nada, que si perdóname un domingo, que si por un domingo
que no vaya... No me extraña que no entienda nada ni que lo considere
un rollo. Pero hay que ir. Y como tiene muy buen perder, el otro día
dijo que iría sin protestar, pero que necesitaba un calzado adecuado. Y
como yo también tengo muy buen ganar, y no tengo otra cosa que hacer en la vida, le compré unos zapatos negros de
cordones. Aprovechando el tirón, cuando se los pone en casa para
hacerlos al pie le hago rezar un misterio del rosario.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
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