Como no puedo seguir desgastando neuronas en laboriosas investigaciones,
y no tengo nada mejor que hacer en la vida, voy leyendo libros viejos.
Con ello intento entender cómo
ha llegado la parte de la humanidad en la que vivo a esta situación
enajenada y absurda. Por ejemplo, he conocido que, inmediatamente
después de la
guerra civil española, el Régimen de Franco desaconsejaba a las chicas
cursar estudios superiores en los que "son obligadas a un trabajo
mental para ellas excesivo, que roba riego sanguíneo a regiones
orgánicas fundamentales para su porvenir de mujeres". Mi
entendimiento, privado de la capacidad para emprender reflexiones más
enjundiosas, se detuvo en lo de
las "regiones orgánicas". Para mí una región siempre ha sido Asturias, o
Castilla la Vieja, y no acabo de ver el concepto aplicado al cuerpo
humano. De todas maneras, lo que me quita de verdad el sueño es si no habrá sangre
humana suficiente en un cuerpo
humano para afrontar todos los empeños humanos en los que se quiera
empeñar la persona dueña de esa humanidad y de esa sangre y de ese
riego. También sufro imaginándome a unos empeños humanos robando riego
sanguíneo a otros
empeños humanos, como si no tuvieramos bastante con preocuparnos por los
chorizos de
fuera, tenemos ahora que preocuparnos por los chorizos de dentro del
organismo. Yo, en concreto, por la glándula que me ha robado las ganas
de vivir con
alegría desde las siete de la mañana.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Oye, ¿Pero tú, qué lees???
ResponderEliminarBueno, yo me leí "Usos amorosos de la postguerra española" de Carmen Mertin Gaite, y también aprendí cosas.
Y sobre lo de descuideros internos que estén atentos a la bajada de guardía de alguna región orgánica confiada,y ¡Zas!!, darte un chupetón..., algo de ello debe haber. Que si no, cómo se entiende la cara pálida, ganas de vomitar, mareo,...etec, etec... que se le instala a un alumno de la ESO en su humanidad ante esa nota por debajo de 5 del examen que daba por "Non problem". Pues es eso, que el palmito de uno, no muede estar a todo; que lo que empleas en un lado, de otro quitas. Y que no hay más.
No sé, qué diría House de todo esto.
Bueno, ahora voy al cole y se lo pregunto a la de Bio.