Cada vez nos lo pasamos mejor en la ambulancia. Como siempre vamos los mismos... Y ya tenemos confianza con el conductor. Ayer me devolvió mi casette de Demis Roussos, que ya llevábamos una semana con el, y le dí uno de José Vélez, que pusimos para cantar todos durante el viaje, "ven a tomar, el vino nuevo de mi tierra nataaaal". En el viaje de ida me tocó el asiento de atrás, desde el que me pegaba las toñejas el paralítico, y me dí cuenta de que me gusta más porque tiene los cristales tintados. Así puedes hacer burla a los de la OTA sin que se den cuenta.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Como los niños malos que buscan sentarse al final del autobús.
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