Ir al contenido principal

Tanto para nada

El otro día compramos una televisión.

Para ver la tele.

Tuvimos que comprar una mesa supletoria donde reposan, uno encima de otro, el deuvedé, la tedeté y el video uvehacheese.

Para ver bien la tele.

El conjunto se completa con dos juegos de mantas, tres cojines gigantes de color marrón deformables según pongas el culo aquí o allá y rellenos de pelotitas de esas blancas, dos cojines rojos grandes e indeformables, seis cojines pequeños, dos sofás y dos sillones, uno de ellos orejero.

Para ver la tele estupendamente y comodamente.

Luegos están los mandos. Cuatro. Que se complementan entre ellos.

Para ver la tele que tú quieres exactamente.

Y luego no echan nada decente para ver.

Con lo que cuesta todo.

Comentarios

  1. Os ha quedado un salón chulo, en el que os sentáis a ver la tele, cómodos por los cojines y tapaditos por las mantas.

    Que no dan nada interesante, podéis apagar la tele y hablar en familia. Es una pena perder el calorcillo que ya habíais generado.

    ResponderEliminar
  2. A veces a todo ello se añade el equipo de música y/o el home-cinema sensurround (con sus mandos) porque además de ver perfecta y comodamente hay que oir en tetraestereo.
    Y la Wii o la PS3 por si hay un rato que sin ver se puede jugar.
    No se tú, pero en ese espacio entre sillones y mandos, yo suelo estar sentado con el portatil en las piernas, a ratos por el negocio, a ratos por el ocio mientras el resto de la familia va pasando, ve, oye, juega... y duerme.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.

Declaración de intenciones

Las lágrimas se guardan para los entierros, y la vida hay que buscarla allí donde lo dejan a uno. En una casa buena de Cádiz o en el infierno. Donde sea, donde se pueda El asedio, de Arturo Pérez Reverte Esta es la sabiduría de Felipe Mojarra, salinero, de la Isla, de barro hasta las rodillas y que pelea contra el francés, en el año de 1811, en la Bahía de Cádiz, sin saber por qué. Y esa es la que buscaré compartir con vosotros cada mañana desde este rinconcito de la red. ¡Qué gusto volver a escribir!