Ir al contenido principal

El progreso: canes en el tren

A mí las efusiones de amor, las propias y las ajenas, me dan mucha vergüenza. Si veo a una pareja besándose en el metro, y están a menos de un metro (un metro de los otros, vaya) de mí, no sé adónde mirar, y me pongo como un tomate.

Con que si la efusión es con un can... ni te cuento.

Y está al caer, porque Metro Bilbao permite, desde este 1 de enero de 2011, llevar animales domésticos en los trenes. Y no en jaulas especiales no, sino en los mismísimos asientos, en el regazo de sus dueños. Seguro que hay personas que, además de llevar consigo al perro, y para conseguir que este se siente, se tienen que prodigar en expresiones de cariño, como ven bonito, ponte aquí conmigo, no ladres a esa señora aunque sea gorda y fea, y cosas así.

Lo que realmente me molesta no es compartir asiento con un caniche, sino la discriminación que observo en la medida. Además de boas, arañas y perros peligrosos, se excluyen los animales exóticos. ¿Y por qué no puede viajar un loro? ¿Por qué tiene que estar penalizado por exótico, cuando da mucha más conversación, que es de lo que se trata en el metro, que un perro?

Comentarios

  1. Como muy bien sabes, son los primeros pasos de la ley.
    Luego irán ampliándola hasta poderse llevar una tarántula en el hombro del dueño, o la boa constrictor enlazada en el cuerpo de su cuidador.

    Claro que se podía dejar un vagón sólo para animales de todo tipo y que allí se montase la marimorena entre animales superiores e inferiores, racionales e irracionales.

    Y eso que ya se sabe que soy partidaria del acompañamiento perruno, aunque pesen más de 8 kg.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.

Declaración de intenciones

Las lágrimas se guardan para los entierros, y la vida hay que buscarla allí donde lo dejan a uno. En una casa buena de Cádiz o en el infierno. Donde sea, donde se pueda El asedio, de Arturo Pérez Reverte Esta es la sabiduría de Felipe Mojarra, salinero, de la Isla, de barro hasta las rodillas y que pelea contra el francés, en el año de 1811, en la Bahía de Cádiz, sin saber por qué. Y esa es la que buscaré compartir con vosotros cada mañana desde este rinconcito de la red. ¡Qué gusto volver a escribir!