Ir al contenido principal

El progreso: comprar cómo y comprar qué.

He leído en algún sitio que el nivel de desarrollo de la humanidad se mide, además de por los ejemplares del As y del Marca que se ven abiertos en los bares de desayunar por las mañanas, por el volumen de imbecilidades que llegan a venderse, como gatos chinos de esos que mueven el brazo, o marcos digitales para ver todo el rato las mismas fotos, hasta que te las aprendes, o juegos de ropa de cama de color burdeos, o camisetas con mensajes desvergonzados, o pen drives de 128 megas.

Y ahora que llego de un centro comercial, después de compartir una agradable tarde de viento sur con otras veinticinco o treinta mil personas, creo que se mide, el progreso, no solo por el qué, por la imbecilidad que se compra, sino por cómo se hace el imbécil al comprar.

Por ejemplo, hay quien entre compra y compra se da un masaje por un euro en un sillón para masajes, delante de veinte personas que ven cómo le tiemblan las mollas, y lo hace sin ningún rubor. Y también hay quien aprovecha para tomar una mierda de café en una imitación de terraza, y hace como que mantiene una conversación con otra persona, cosa que es imposible en un centro comercial.

Todo cutre. Pero muy avanzado.

Comentarios

  1. Progreso...
    Leo tus palabras casi seis años después, sentada en un centro comercial, junto a los sillones de masaje, que sobreviven, y a los que continúo mirando con el mismo desconcierto de la primera vez.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.

Declaración de intenciones

Las lágrimas se guardan para los entierros, y la vida hay que buscarla allí donde lo dejan a uno. En una casa buena de Cádiz o en el infierno. Donde sea, donde se pueda El asedio, de Arturo Pérez Reverte Esta es la sabiduría de Felipe Mojarra, salinero, de la Isla, de barro hasta las rodillas y que pelea contra el francés, en el año de 1811, en la Bahía de Cádiz, sin saber por qué. Y esa es la que buscaré compartir con vosotros cada mañana desde este rinconcito de la red. ¡Qué gusto volver a escribir!
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.