las rotondas, los fines de semana, los dispositivos via - T para pasar por los peajes sin hacer cola, los tornos de entrada a San Mamés, los partidos de la sexta, la decoración de Navidad de El Corte Inglés, las cabalgatas de Reyes, las velas perfumadas, las mesas camilla, los cables que unen el reproductor de DVD, el decodificador de la TDT y la tele, la programación de Disney Channel, las gafas de pasta, las tarjetas de felicitación de Navidad, las homilias de Munilla, las películas de Chuck Norris, los cotillones de Reyes, los centros comerciales, y muchas cosas más
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Una cosa que es a mala leche también desde hace meses, es que a la cerradura del portal hay que cogerle un puntillo para conseguir abrirla. Siempre se abre, es verdad, pero nunca sabes a qué número de intentos va a ser cada vez.
ResponderEliminarAl poner la llave ( y si es de noche más y si viene alguien que no conozco por la calle, ni te cuento) me acuerdo de todas las películas de miedo que he visto, en las que les da tiempo justo, justo a abrir y en las que no les dio tiempo y la cagaron.
Oigo el bombo de mi corazón latiendo a cien por hora y hasta la música de alguna peli que va aumentando en estridencia hasta llegar al momento cumbre, ¡chanchán!, ¡¡chanchán!!, ¡¡¡chanCHÁN!!! ¡¡¡¡CHANCHÁN!!!!, ¡¡¡¡¡¡CCHHAANNCCHHÁÁÁNN!!!!!!.......
¡Jobar, vaya subidón de adrenalina a lo idiota!
Si nunca me ha pasado nada,
pero la imaginación vuela como una loca. ¡Uf!