Un ratito después me despiertan dos caras y me dicen que todo ha salido
bien, todo, pregunto, todo, me contestan, así que el Athletic consiguió
empatar al final en Málaga, así que Andoni ya no se enfada por todo, así
que Ana ya es ordenada, así que al Xavi ya le gusta la verdura, así que
hemos roto el contrato de móvil con Euskaltel, así que vuelven los
toros a la Monumental de Barcelona, así que lo de Rajoy presidente solo
era un mal sueño, no hombre, todo, todo, todo, no, me dicen. Y rompo a
llorar.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
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