Aparqué el coche en un parking debajo de la Catedral, y cuando sali a la superficie, con los pasteles en una mano y la maleta en la otra, con una pinta de paleto que veia comentar a la gente, me dí cuenta de que no sabía donde estaba el colegio al que iba. Me paré a ver si se oía ruido de niños en algún lado, y como se oía nada, tomé una calle para arriba hasta llegar a una escuela, que rodeé, y como no ví cartel alguno dije no es este, y volví a bajar la calle, un kilómetro, hasta el bulevar, donde la calle cambiaba de nombre. El que tenía la calle nueva no me sonaba de nada, así que me dije tranquilo, todavía tienes dos minutos, entra en un bar, consulta el google earth y ya está. Como no había bar me senté en el suelo, dejando los pasteles a un lado y espantando a un gato asqueroso que se había acercado a olerlos, saqué el ordenador y consulté. Entonces me dí cuenta de que no era en la calle en la que estaba sino en otra, así que cerré el ordenador, me pillé la corbata con la tapa, dí otra patada al gato y me puse en camino, cambiando los pasteles y la maleta de mano, a ver si la postura era más digna, pero qué va, hasta el gato me seguía descojonandose. Rodeé todo lo que puede rodear un inepto integral y aparecí en el colegio por el que había merodeado hacía un cuarto de hora, reparando, ahora sí, en un cartel gigantesco que había sobre la puerta principal, y que decía, o al menos eso me pareció leer, este es el colegio que buscabas, cacho merluzo.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Y seguro que en el móvil, o en el iphone, o en el ipod tendrás un GPS, que te diría, si le hubieras preguntado, "el colegio ese, está aquí".
ResponderEliminarO el mismísimo gato te hubiera indicado la entrada si no le hubieras dado patadas. Te pones nervioso y atizas a diestro y siniestro, sin respetar a las criaturas de Dios, que el único mensaje que te estaba lanzando es ¡qué ricos pasteles llevas, tío!. Y eso es un halago, que no merece una coz.
Una prueba, para subir mi foto,
ResponderEliminarQue ya me he cansado de esa especie de cagarruta blanca en fondo naranja.