¿Cómo se llama a cuando tú mandas a tu hija a Alemania de intercambio con un idiazábal de campeonato y quinientos gramos de jamón ibérico de bellota cortado a cuchillo en dos paquetes envasados al vacío para obsequiar a la familia de acogida y tú hija vuelve diciendo que dicen que gracias y que me han dado para tí este salchichón que compraron ayer en el súper?
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
No creo que sean diferencias culturales...
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