Como ya no le doy vueltas a las cosas en la cabeza, mis neuronas no saben a qué atenerse. Algunas están tomando el sol, o la fresca, o lo que se tome ahí adentro, o mirando las obras, que siempre hay, y más en un cerebro, o leyendo el periódico hasta el mediodía. Pero tanta neurona desocupada no puede ser bueno, y empiezan a darse las cosas que solo se dan cuando las neuronas hacen el vago: los rumores y las maledicencias. Que si a aquella enchufada la van a pasar al lóbulo frontal, que si siempre estamos con cambios, que aquí nadie explica nada, que si aquella es una trepa y mira dónde la han puesto, que si dicen que nos van a poner a todas a trabajar a turnos, que a ver por qué no se respeta la antigüedad, que a ver por qué no hay sitios para que estén las neuronas de quince años, que míralas haciendo botellón con el ADN a las siete de la tarde... Todo eso pasa por dentro. Por fuera soy una persona silenciosa. Y a decir de algunos, menos pesado que antes. Es que no ...
Mikel somos todos los que hemos perdido algo antes de tiempo. El padre, las ganas, el anillo de boda... Mikel somos todos los que hemos enfermado mal y pronto. Mikel somos los que, pese a lo uno o a lo otro, todavía conservamos el interés por levantarle la falda a la vida, a ver qué lleva debajo. Mikel es también el nombre de mi sobrino, al que a veces despierto con este guiño por las mañanas.