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El ser humano en busca de la infelicidad

Egun on, Mikel Ya sé que ya estás trabajando, pero eso no te excusa de leer filosofía.  En 1670, Pascal escribió que  "la infelicidad del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación." Yo pienso en ello a menudo. Lo hago cada vez que salgo a la carretera y veo la A-8 colapsada en dirección a Castro, Laredo y Noja, que son tres sitios donde los vizcaínos insatisfechos con su vizcainidad buscan compensaciones de algún tipo. Pienso en ello, también, y me recorre un escalofrío el espinazo, cuando la AP-7 me enseña Benidorm, y cuando veo imágenes de humanos venidos de los lugares más remotos, venidos incluso de Bilbao, porfiando a las siete de la mañana por un metro cuadrado de arena de playa en el que poner la toalla para juntarse durante horas con miles de personas semidesnudas que van y vienen e incordian y se alivian en el tiempo del baño, contribuyendo así de manera notable a la par que asquerosa al recalentamiento del ya recalentado Med...

Azul marino, que pega con todo

  Egun on, Mikel. hablando de ropa, a veces vestir de manera acorde a la dignidad, gobierno y edad de cada uno no es una cuestión de buen gusto, de educación, de respeto a las formas, de urbanidad o de como quieras llamarlo,   sino de estar bien asesorado. Es el caso de aquellas personas que, como yo, no saben qué color pega con cual, ni por qué, ni qué sienta bien o qué sienta mal., en esta o aquella estación, en esta o aquella circunstancia, o en esta o aquella época de la vida. No irás a salir así a la calle, me dijo una vez mi asesora de imagen, a la que nadie nombró para ese puesto, y que también es mi esposa. No me dijo que no se me ocurriera ir “así” a trabajar, o a una cita con alguien importante, o a una cita con alguien que fuera menos importante, o a una entrevista en televisión, o a un pase de fotografías, o a la boda de un sobrino, sino a comprar el pan, que es a donde iba, a un establecimiento que está a menos de 50 metros de casa, trayecto en el que era tan pr...

El asesino no es el mayordomo

Mi alma, o mi espíritu, o como llaméis a esa parte del ser humano inobservable a simple vista, está harta de mi cuerpo, porque no está lo que tiene que estar. Ni ve lo que tiene que ver, ni oye lo que tiene que oir, ni usa la agenda con buen criterio. Y le echa la culpa de todo. De que no vea lo resbaloso del piso y rompa el peroné, de que atraviese un cristal de dos por uno y haga trizas nervios, tendones y epidermis, o de que deje entrar en la boca una rodaja de calabacín grasosa e incandescente y abrase el paladar hasta dejar insensibles oído y olfato. Por poner solo los últimos ejemplos. Y, se ensaña, el alma, llamando al cuerpo imbécil, tarado y muñón. Y el cuerpo se mosquea, porque el alma lo trata como a un mayordomo incapaz. Y yo estoy empezando a sospechar que el asesino no es el mayordomo, digo, el cuerpo, sino mi alma.

Miradme con buenos ojos.

Egun on, Mikel. Mi natural despacioso, lento para algunos, parsimonioso para algunos más y desesperante para la mayoría, que hace del despiste la piedra angular, irónico casi siempre, sobre todo desde que Javier Cercas me reveló que la ironía es una forma de conocimiento tan útil como la ciencia, me ha conducido al desastre en innumerables ocasiones, cuando no a la incomprensión y al desprecio, como aquella vez en la que entregué, en el transcurso de un partido de fútbol, al robusto caballero que llamó hijo de la gran puta a mi hijo por un agarrón absolutamente necesario, falta técnica se llama ahora, justamente sancionado con amarilla por la colegiada, que es lo que tiene jugar de medio centro, que te desbordan, encaran, y tienes que enfrentar la disyuntiva, o lo derribo o el entrenador me derriba a mí de una torta en cuanto lleguemos al vestuario, pues bien, al fornido padre de familia le entregué, vista su ofuscación, y con la mejor de mis sonrisas, una tarjeta de visita de un médic...

Somos muchos, siendo uno

Egun on, Mikel. A la conclusión de que todas las personas somos muchas personas llegó mi cerebro después de oir una conversación absolutamente privada en la terraza de un bar, para cuya escucha no estaba yo autorizado, ni falta que hacía, porque el uso del espacio público no puede ser regulado hasta esos extremos, y porque fueron la velocidad del viento, el volumen con el que hablaban las otras personas y el hecho, no banal, ni secundario, de que en ese momento mi nervio auditivo, tan ausente tantas horas, tan a sus cosas, que a saber cuáles son, estuviera pendiente de cuanto ocurría a mi alrededor, las circunstancias que trajeron hasta mi el intercambio de palabras a que a continuación me refiero: - Es una bellísima persona. - Será para tí. Es verdad: somos muchas personas. Por citar solo los extremos, somos una persona abominable y una persona adorable. La enumeración de cuantas personas somos en medio de esos extremos excede los límites de lo que cabe en estas líneas insignificantes...

No debo ser de Bilbao

Egun on, Mikel. 14 de agosto, víspera de la Asunción. Oigo a Javier Diago, cofrade mayor de Begoña, hablar con emoción de la subida de la Virgen por la ría a bordo de una embarcación entre los aplausos de la muchedumbre. No debo ser de Bilbao. Aunque mi partida de nacimiento dice que nací en la clínica Usparicha, no he ido de romería a Begoña en la vida. Tampoco he ido nunca al teatro en agosto, ni a ver un espectáculo de La Otxoa. Aunque he vivido hasta los 36 años en la villa, no debo ser de Bilbao. No, porque cuando en la radio hablan los de la ABAO, la apago, porque no he pisado La Bilbaína jamás y porque nunca he hecho cola en San Nicolás para bendecir un   cordón de San Blas. No debo ser de Bilbao porque como los del centro de Bilbao no tenemos barrio no he ido nunca a las fiestas de mi barrio, y porque desde 1983 huyo de la ciudad en Aste Nagusia, por higiene. Mental y de la otra. Me da igual si en el once del Athletic hay o no hay vizcaínos. No he ido nunca de potes...

Con chándal y corbata.

  Egun on, Mikel. Hablando de vestires impropios, hay cosas que no hay que tolerar ni aunque se tengan veinte años. Y menos si uno ha dado alguna muestra incipiente de madurez. Un  profesor de treinta y dos años irrumpió en mi despacho con camiseta, bermudas y chancletas para preguntar cualquier chuminada de esas que se pueden preguntar a cualquiera pero que a algunos les da por preguntar al director, que es el que lo sabe todo. Qué panorama. Como ver a Tarzán con traje de liana en liana o al ministro Bolaños por Moncloa con chándal y corbata. La libertad, cuando se desata, puede provocar daños irreversibles en el buen gusto, o en el respeto a uno mismo, que es la base de todo. Empiezas enseñando los pelos de la pantorrilla, y cuando te quieres dar cuenta paseas por clase descalzo porque no puedes soportar que el plástico de las chanclas de 5 euros del Primark se te pegue a la planta del pie. Verdad es que las clases de la ESO en junio tendrían que estar climatizadas, ya en ...