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La felicidad. Una teoría

Algunos expertos en la materia dicen que la felicidad consiste en maximizar los momentos de placer y minimizar los momentos de dolor, o de sufrimiento. Es una teoria. Como cuatro días de fiesta seguidos maximizan bastante el placer de una persona media, aunque se pasen en Lloret y lloviendo, luego tienes que volver a trabajar, o sea, a pelear contra el sufrimiento que amenaza con apoderarse de tí. Por eso el martes por la mañana, las enfermeras y fisioterapeutas del Servicio de Electroterapia del Hospital Comarcal de Béjar andaban mirando en el calendario la fecha del próximo puente, y se cagaban en todo al comprobar nuevamente, como si no lo tuvieran más que visto, que el 1 de mayo cae en domingo. Para los enfermos que esperábamos pacientemente a que nos aplicaran los electrodos, la microonda y demás historias, era un sufrimiento comprobar cómo la fuente se sufrimiento de las enfermeras éramos precisamente nosotros. Aunque en el fondo sufríamos menos porque no ha...

Las máquinas y yo

La mayoría de las veces no contesto cuando llaman por teléfono. Los móviles anuncian en la pantallita el número de la persona que llama. Y, si te has tomado la molestia de añadirlo previamente a una lista de contactos, anunciando el nombre, o el apellido, o el pseudónimo, con el que lo has integrado. Después se unieron los fijos a lo de la pantalla, empezando por el domo de Telefónica, menudo invento. Así, lo primero que hago cuando suena el teléfono, sea el que sea, es mirar. Y si es la de Bodegas Maset, que siempre tiene alguna promoción para mí, no contesto. Si veo un número con prefijo de Córdoba, o de alguna provincia así, tampoco. Si, por lo extraño del número, me suena que puede ser mi suegra, ni se me ocurre. En estos tiempos miserables de la enfermedad no contesto a casi nadie, porque no me soporto repitiendo las mismas desgracias a uno y a otra, por lo que humildemente pido perdón a todos los que lo intentáis sin suerte. La indiferencia que hay en el cor...

yo sé por qué

Querido Mourinho: usted siempre acaba con diez contra el Barça porque sus futbolistas se lian a patadas para pararlos. Contra el resto de equipos ustedes casi siempre acaban con once. Y normalmente los árbitros suelen confundirse a su favor, cosa que nos pone muy nerviosos al resto de aficionados al fútbol, los que no somos ni del Madrid ni del Barça, que existimos. Y eso pasa porque los árbitros se confunden, como usted. Y como yo. Y el juicio se les nubla cuando los futbolistas y los entrenadores se empeñan en hacerles la vida imposible. Como ayer. Por otro lado, agradecería tomara usted la senda de la moderación y el buen juicio, la educación y el sentido común. Más que nada porque es usted la persona que ocupa más tiempo en los medios, al que ven más niños a los que les gusta el fútbol. Y aprenden lo que ven. Y si no puede con ello, a lo mejor tiene que volver a ser segundo entrenador. El mejor del mundo, por supuesto. Suyo afectísimo

Popular

No soy una persona popular. Las cosas como son. No me gusta salir por ahí, ni de noche ni de día, ni quedar con personas para hacer cosas. Cuando me han intentado sacar de la atonía que producía esta reconcentración en mi mismo, han salido escaldados: me llevaban junto con otras doce parejas y veinticinco niños al monte los domingos por la mañana, todos más contentos que si les hubiera tocado la lotería, y los niños ni te cuento, cuesta arriba, cuesta abajo, y ahora vamos a parar para almorzar y comemos unos cheetos, y la mayoría preguntan cuando acaba la subida, que siempre es enseguida, y luego vamos a parar a comer, y los cincuenta haciendo un circulo como para vernos todos, cosa que ya me dirás la gracia que tiene, que luego solo hablas con el de al lado, y según quién te toque al lado, y ponemos en el medio la comida, para compartirla, que luego todo queda a desmano, y al final, o no comes nada o te atiborras de pasteles de arroz, que hoy se les ha ocurrido...

adjetivos

La vida no es más que "ese penoso desfile de adjetivos" (...) en el que "muerto suele venir después de viejo", dice Andy, Whittaker, al que ya conocéis. Luego al sustantivo vida se le pueden colocar muchos más adjetivos. "Bella", dicen algunos. O "maravillosa". Qué risa. Yo me quedo más con "sorprendente", o "paradójica". Dime si no. Cuando murió mi padre tuve que hacer un montón de llamadas, ya os haréis cargo: A Mapfre, con quien tenía el seguro del coche, para decirles que no iba a volver a tener un incidente, ni nadie con él. A Bodegas Maset, para decirles que había dejado el vino, que no mandaran más botellas. Al Athletic Club, para decirle que podían llamar a uno de la cola de aspirantes a socio, porque no iba a volver a San Mamés. Y a la Seguridad Social, y al Banco, y a todos esos organismos creados para hacernos la vida más fácil, o no, según se mire (mira, ahí tienes otro adjetivo para la vida: com...

Gorrones

Había una persona en Málaga que tenía 25 años y vivía con sus padres, a los que maltrataba, de alguna manera, que poco importa a los efectos de este egunon, porque pegar a un padre es una cosa feísima lo mires como lo mires. Pese a ello, el muy golfo los había denunciado porque un día le dijeron que se acabó la sopa boba, que de 400 euros al mes para gastos ni hablar, y que si quería seguir en casa que se pusiera a trabajar. El protagonista de esta historia tan peregrina estaba matriculado en la carrera de Derecho, y había aprobado ya tres asignaturas. En siete años. En su descargo hay que decir que un año no pudo estudiar porque se le pasó el plazo de matrícula. Bueno, eso le puede pasar a cualquiera. El caso es que de sus habilidades intelectuales el Juez dedujo que no era tonto, cosa que a mi me parece mucho deducir. El Juez, además de los de capacidad deductiva rápida, es de los de duda fácil. Por un lado, piensa que como si no eres tonto y tienes 25 años y en cas...

Año sabático

Querida Isabel Segunda: he tenido conocimiento de que su nieto Guillermo le ha pedido dos años sabáticos antes de ponerse a trabajar de príncipe. Al parecer, de esta manera su matrimonio con Kate podrá ir echando sólidas raíces sin el incomodo de tener que fichar cada día. Me dirijo a usted para pedirle lo mismo: necesito dos años sabáticos, para ir desarrollando mi proyecto de vida. Ir a trabajar me supone una molestia tremenda. Ni puedo leer, ni puedo escribir, ni atender bien a mis hijos... Ya, me dirá que es usted la reina de los ingleses y que mi vida le importa un pito. Pues no debería, porque si usted me concede lo que le pido, escribiré preciosos egunones ponderando su magnanimidad. Tantos como me salgan. Quedo a la espera de sus noticias, que no dudo serán estupendas. Tenga cuidado el día de la boda, que me he enterado que va Mister Bean y seguro que le mete un langostino de pega en el plato. Rodep Aditxu Meng