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El ventanas

Egunon Mikel ¿No te sientes muy observado cuando vas al súper? Pues es porque a la sombra del cornavirus se multiplican personajes pintorescos, entre los que prolifera, por encima de muchos, y solo superado por el notas, el ventanas. El ventanas se levanta temprano, hace sus abluciones, desayuna frugalmente y se sienta junto a la ventana con su cuaderno de confinamiento, en el que va apuntando sus observaciones: "la señora del 8 va camino de la panadería". Y luego deja vagar a sus pensamientos: "a ver si hace como ayer, que fue tres veces a la panadería, para darse una vuelta, supongo; lo que es raro es que todavía no haya salido el calvo de gafas con el perro, ah, si por ahí viene". Y anota "el calvo del perro pasa tres veces en veinte minutos". Y sus pensamientos, "¿pero no era el mínimo tiempo posible y lo más cerca posible de la casa de uno? Vete a tu casa ya, caradura." Asi le dan las dos. Niceto, a comer, escucha. Come con su señora, qu...

El notas

Egunon Mikel pese a que tienes pocos años, ya te has enfrentado a muchas pruebas en la vida. Operaciones delicadísimas, viajes a los confines de Europa, encuentros con delincuentes peligrosos en los túneles del metro... Sin embargo, te quedan aún pruebas durísimas que superar hasta alcanzar la cima de la vida. Una de ellas es la de conocer a un ser humano al que no podrás dejar de mirar y preguntarte qué madre lo parió, o contrá qué se golpeó tiempo atrás. Me refiero a "el notas". Antes, en la era de la normalidad, el notas era el padre que, en un partido de alevines, cuyo resultado importa tanto como el conocimiento de las habilidades musicales del verdel del Cantábrico, aprovecha el silencio del respetable para decir al chaval de dieciséis años que está pitando el partido, bien alto, para que lo oiga todo el mundo, aquello de "arbitro, no tienes ni puta idea". En estos tiempos de pandemia y confinamiento el notas da todo de sí, porque la gente está tan aburr...

Pa chulo, yo

Egunon, Mikel ¿cómo llevas el confinamiento? Yo aprovecho para diseccionar el alma humana, a ver qué encuentro. El otro día, en el súper, enfilaba yo el pasillo de legumbres cuando me encontré de cara con él. El espacio entre estanterías es de dos metros, y él avanzaba por el medio, de manera que tuve que elegir entre respetar la distancia social dictada por las autoridades o asumir el riesgo de contagio. Opté por lo primero y derivé hacia lácteos, porque me hacian falta yogures, también. En el pasillo de galletas, tuve la misma aparición. Entonces me fijé. Caminaba con esos andares de ya te apartarás. Como si hubiera escuchado en la tele a alguien diciendo "pues ahora os quedáis en casa, y si salís, con guantes y mascarilla" y hubiese respondido "ja". Arremangado, con ese "tumbao" de los chulos al caminar, sin epi ninguno y cruzando miradas con todo dios para que lo vieran bien. Si hubiese sido un cómic, que poco le faltaba, tendría sobre la cabeza ...

La primera ley fundamental de la estupidez humana

Aprovechando la llegada de la primavera, quería retomar el hilo de anteayer, escribir algo corto y bonito, con una canción, pero no me dejan. Y debo volver a hablar de estupidez.       Lo hago impulsado por la requisitoria de un Inspector de Educación que pide, hoy domingo, y para mañana, lunes, a los centros a él adscritos, que le envíen su protocolo de crisis. Pensaba aconsejar que pidieran al Inspector que les mande el protocolo de crisis de la Inspección, para copiarlo, pero me ha picado la curiosidad, y he decidido buscar en el libro de Cipolla una explicación a tal comportamiento. Y la he econtrado en el despliegue de la primera ley fundamental de la estupidez humana, esa que, como os comentaba ayer, dice que siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. Pues bien, Cipolla explica que "por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la estupidez humana,...

Las leyes fundamentales de la estupidez humana

El actual estado de cosas, todos encerrados, hace más difícil la propagación del virus, pero multiplica el número de estúpidos, o, al menos, hace aflorar todos los que había. Por eso, es de todo punto obligado retomar este blog en el punto en el que lo dejamos y recordar en este momento, en mitad del estado de alarma, las cinco leyes fundamentales de la estupidez humana, que tan oportunamente glosó Carlo Maria Cipolla en su inolvidable "Allegro ma non troppo". Primera ley: siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpid os que circulan por el mundo (por eso nos sorprende ver a tantos, por todos lados, yéndose a Gandía desde Madrid, o a Laredo, desde Bilbao, a evadirse un poco de esta situación angustiosa). Segunda Ley: la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona (por eso, no debe sorprendernos ver a diputados, inteligentes personas, dando be...

Securitas Direct

(si os preguntáis por qué ha transcurrido más de un año sin un egunon Mikel, no tengo la respuesta) - Securitas Direct, dígame? - Buenos días, no pienso instalar una alarma, y menos, la suya. No tengo miedo de que me roben. De hecho, vivo a ras de calle y me dejo las llaves puestas por fuera una vez a la semana, más o menos, y a veces, toda la noche. Los ladrones me ignoran porque saben que lo que tengo ahí dentro no vale un pimiento. Aunque intenten ustedes crearme una inquietud con su malditos anuncios de a todas horas, me dan igual sus historias, rollos burgueses de familias de lechuguinos que viven en chalets, acojonaos de que les entren, de que se les metan en las casas, la de aquí y la de la playa, que casa con dos puertas mala es de guardar y dos casas con una puerta cada una, igual de mala que una casa con dos puertas. Váyanse al carajo, ustedes, sus alarmas, su musiquillla machacona, su publicidad infecta, los vecinos hablando de jardín a jardín y de chalet a chalet. ...

Feliz Navidad

Egunon Mikel, como se acerca la nochebuena, te voy a contar un cuento de Navidad. Está la mesa preparada. Mantel de hilo, blanco blanquísimo, platos de porcelana, copas de cristal de bohemia, familia vestida con camisas de domingo, trajes y corbatas de seda. Y yo me acerco a la escena cuando todos están ya sentados, impactando mi cabeza, no me preguntes por qué, contra una estantería que hay suspendida sobre la mesa. No me preguntes ni por qué impactó ni por qué hay una estantería sobre la mesa. El impacto es tan brutal que la estantería queda temblando, y mientras me retuerzo de dolor, de ella cae una botella de dos litros de aceite de oliva virgen extra, que al chocar contra la mesa se hace pedazos, y destroza en su caída tres platos y seis copas, deja la mantelería perdida, el pavo trufado, pero de cristales, y salpica la ropa de seis comensales, el suelo, las paredes, las sillas, la tapicería de las sillas y al pobre perro que andaba por ahí. Se hace el silencio. Escu...