Ir al contenido principal

Entradas

Simeón

Simeón era un viejito piadoso y honrado que vivía en el tiempo de Jesús, cuando este nació. Esperaba el consuelo de Israel. Esperaba. Aunque yo conocí a Simeón en París este pasado mes de junio. Vendía llaveros de la torre Eiffel, a un euro la decena, delante la Catedral. Seguía esperando (esperar es lo único que queda a millones de personas en toda Europa, en medio de las risitas de Montoro y de Rajoy). Le compré seis euros de esperanza. Sesenta llaveros que están en la estantería de casa y que regalo cuando alguien espera algo. Simeón murió con los primeros fríos de diciembre, helado en una esquina de la Ille Saint Louis, con unos llaveros en la mano y una sonrisa en los labios. Me dijeron que la noche anterior le vieron hablando con un niño, y después dejar escrito con tiza en la pared de un portal que ya podía morir en paz. A los que sabéis que estos días veréis la cara al mismísimo Dios, feliz Navidad. A los que no, salud.

Mirar para ver

Egunon Mikel: hoy hace 25 años que el ejército de El Salvador asesinó a seis hombres buenos y a dos mujeres inocentes. Te lo cuento porque aquello cambió mi manera de mirar las cosas que pasan. Por aquel entonces conocí a tu tía, con la que después me casé, y, buscando nuestro lugar en el mundo llegamos una mañana de verano, tres años después, al lugar en el que los mataron. A cuatro de ellos los sacaron al jardín, los obligaron a tenderse de boca abajo y los dispararon por la espalda. A dos los buscaron por sus habitaciones y los acribillaron allí mismo. Y a la mujer que cuidaba de la casa y a su hija las mataron también. Murieron abrazadas. La consigna era no dejar testigos. Los mataron porque molestaban, pero murieron porque amaban, dice de ellos hoy Rafa Aguirre en El Correo. Eran Jesuitas. Algunos, como Ignacio Ellacuría, de aquí, de Portugalete. Durante años denunciaron injusticias, asesinatos, torturas, ejecuciones y atrocidades. Se convirtieron en personas incómodas para el...

Las cinco cosas más estúpidas del verano

Egunon, Mikel: estas son, en mi modesta opinión, las cinco estupideces más estúpidas del verano que nos deja: Una, el alcalde de Torredembarra estaba convencido de que había malas energías en el ayuntamiento y contrató a unos espiritistas para limpiarlas. Dos, siete personas han muerto en Magaluf practicando balconing. Tres, hemos conocido que un político muy importante ocultó durante años que había tenido escondida una buena cantidad de dinero. Esta estupidez es especialmente irritante. Cuatro, Zara comercializó una camiseta tan parecida a los uniformes de los campos de exterminio nazis que tuvo que retirarla en cuanto protestaron en Israel. Y cinco, después de lo que ha pasado en Gaza, seguir creyendo que todos los niños tienen un ángel de la guarda. Como ves, la estupidez está bien repartida, y no conoce de razas ni de nacionalidades.

Ángeles de la guarda

Egunon, Mikel: en Gaza, anteayer, palestinos e israelíes firmaron una tregua indefinida. En contra de lo que parece, indefinida no significa para siempre, sino hasta que dure, ya se aplique a las treguas o a los contratos. Los ángeles de la guarda de los niños gazatíes no han sido capaces de cumplir la misión que les fue encomendada. Como tantas otras veces en la historia de esto que mal llamamos humanidad, querubes desesperados terminaron girando visita al Altísimo para explicarle que vieron que la mala sangre de muchos hombres es más grande que el corazón de muchos más, y que en eso ha quedado la Creación. ¿O no existen los ángeles de la guarda? ¿O los privatizaron los ricos?

Malditos prejuicios

Egunon Mikel, estaba comiendo con tus primos un plato de pasta. Ví que Ana apartaba algunos trozos, y que Xavi le imitaba, y les pregunté a ver qué. - no me gustan estas setas, contestaron. - no son setas, queridos, son trozos de salchichas blancas. - ah, a ver... ummm, qué buenas las salchichas! Si comes una salchicha en modo seta, no te gusta, pero si te la comes en modo salchicha, sí. Lo cual confirma, una vez más, 1, que nuestros prejuicios conforman la realidad. Si crees que algo es una seta, es una seta (aunque sea una salchicha). Y como seta que es, la apartas del plato. 2, Que los prejuicios determinan las expectativas. Si esperas sabor de seta, aunque sepa a langosta, como no sabe a seta, no te gusta. 3. Que los prejuicios determinan nuestro comportamiento (con los demás). Si una seta no se comporta como una seta, la apartas de tí. Malditos prejuicios...

Idiotas con empeño

Egunon, Mikel: en el minuto 1 de la creación, junto antes de hacer cada uno su aparición en la tierra, Dios le reparte, en cantidades iguales, un poco de sentido común y un poco de estupidez (las inteligencias vienen de fabrica), y le dice "allá te las compongas". Luego le insufla a uno el alma, para que, ya cultive el sentido común, ya la estupidez, lo haga con bondad, y le manda con su otro padre, o con su madre, o con los dos. Lo que hace cada uno después con ambas cosas es un misterio de los gordos. Más allá de la escuela y de la familia, tiene que haber algo que explique que la gente preste más atención a pulir su sentido común que su estupidez, o a la inversa, pero no acierto a saber qué es. Depurar la estupidez, hacerla más sólida y consistente, no siempre requiere ni esfuerzo ni interés. Yo mismo soy un ejemplo de ello. O las personas que en el supermercado al que van cada día y que conocen de memoria deambulan en busca de comida para gatos rica en omega tres. O...

El club de los poetas muertos

Egunon, Mikel: no consigo entender por qué a la gente de tu edad le gusta tanto "El club de los poetas muertos". A mi me parece una película lenta, en la que todo pasa en escenarios oscuros, que pertenece a una época en la que ninguno habéis vivido y que representa a alumnos con uniforme victoriano y a profesores con corbata, tan lejos de la pinta de vuestros institutos multicolor. A lo mejor os gusta porque habla de chavales enfrentados a sus padres, que les dan la educación pero les niegan los sueños, a ver cómo se come eso. A lo mejor es porque habla de profes diferentes, que hacen cosas que nadie espera, como pedirte que arranques las páginas correspondientes a la introducción , con lo que cuestan los libros de texto. En lo que a mí respecta, sólo por regalarme esa interpretación, sólo por inspirarme la idea de que los profesores podemos cambiar el mundo, empezando por cambiar lo que hacemos, Robin Williams merece el Óscar que Dios le estará entregando en estos mo...