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siempre tienen prisa todos

Decía que una de las caracteristicas que más me atormentan del tipo de ser humano con el que me ha tocado compartir este tránsito por la historia que es mi vida es que siempre-tienen-prisa. Y desentono. Porque me pasa que cuando voy a hablar, ya no están los que me tienen que escuchar, cuando pregunto, ya se han ido, cuando digo a ver si tienen un momento dicen que no, cuando escucho me dicen que por qué no digo nada, y cuando trago saliva o cojo aire me dicen que no tienen toda la mañana He ido descubriendo que cualquier cosa es más perentoria que lo que tengo que decir, de manera que al ver mis aportaciones reducidas a la categoria de chuminada decidí darles carta de ciudadanía en este espacio que llamamos egunon, donde las estupideces se atropellan unas a otras. Esta enfermedad que me ha enviado el Maligno ma ayuda a sentirme más a gusto en mi papel de insulso marginal. Si antes no tenía prisa, ahora no puedo tener prisa, dado que mi velocidad de crucero es en real...

El sistema dirá

De lo bien que me han dejao van dando cuenta los inspectores que me investigan para ver si estoy robando el dinero al erario público, haciendo cuento con mis dolencias. Los de la Seguridad Social me pidieron que llevara cuantos informes e historiales tuviera, original y copia, y cuando la médico vio la primera hoja dijo: - Buf. Y me devolvió todo, original y copia y me dijo que ya me llamarían, que me cuidara mientras. Los del Gobierno Vasco hicieron lo mismo, original y copia de todo, y tardaron la mitad en inspeccionarme, unos doce segundos, aunque el diagnóstico fue distinto: - Huy. Y también me dijo que me cuidara, y que ya hablaríamos. - ¿Cuándo hablaremos, doctora? - El sistema dirá, usted cuídese.

Lo bien que he quedao

También tiene su coña oir hablar de recortes a todos los gobiernos y que te citen dos veces en la consulta del neurocirujano, movilizando cuatro ambulancias, dos para ir y dos para venir, y que el neurocirujano no te reciba ninguna de las dos porque está operando, que es lo que hacen los neurocirujanos. Te ríes también al recordar cómo al cogerte una vía en el momento de proceder a una infiltración se extravasó la aguja, derramando sus líquidos por donde no debe y dejándome el brazo como Popeye, sin poder avisar a la enfermera porque en la zona de vigilancia intensiva el ambiente y el ruido entre enfermeras, auxiliares y celadores era el mismo que el de la verbena de la Paloma. Por lo demás, y fuera de todas estas minucias y otras muchas sin importancia alguna, menudo trabajo de paciencia y aliño que médicos, masajistas, fisioterapeutas, osteópatas, enfermeras, auxiliares y celadores han hecho conmigo en estos meses. Y qué bien me han dejao.

Churros

Otra de las milongas que jalonan mi relación con la clase médica en estos nueve meses de entretenidas esperas es la de la resonancia magnética. Me hicieron esta prueba el domingo 27 de marzo por la mañana, y el 7 de septiembre, cinco meses y medio después, el neurocirujano dice que aquí no se ve nada, y que a ver quién a hecho esta birria de informe. Esto pasa después de que la misma resonancia y el mismo informe los hayan visto tres médicos, públicos y privados, incluido el que ahora no ve nada, y no han dicho que aquí no se ve nada. Claro, como no veía nada, preguntó a ver cuándo la habían hecho, y yo le dije que un domingo por la mañana, y entonces me contestó que los domingos por la mañana hacen mejores resonancias magnéticas en una churrería. Esto me extrañó, porque yo nunca he visto que en las churrerías hagan pruebas diagnósticas de esta complejidad. Pasada la extrañeza, y vista la naturalidad de la sentencia del médico me imaginé, porque este país es así, que al...

Una milonga, la primera

Una milonga es que te cite el neurocirujano que te operó para verte al cabo de un mes y que luego te reciba un MIR al de mes y medio. Y el efecto de esta milonga es que no te ve el cirujano que te operó sino otro. No sé si veis la diferencia, de tiempo y de persona. Y pensad en el efecto que esto tiene sobre un enfermo de columna que llega a la consulta después de haber estado media hora tratando de subir seis pisos en un ascensor sobre el que algún día Woody Allen hará una película. Y encima, la MIR, una chavala majísima con cara de haber terminado el Bachillerato anteayer, te recibe con el clásico, ¿qué, mejor?, como si tuviera una remota idea de cual fue el antes. Le dije que no, que peor, que después de operarse uno espera otra cosa, y me contestó que ya, pero que las hernias a veces se curan y a veces no, de lo que deduje que, además de medicina, la joven había estudiado psicología, y con tanto estudiar el único enfermo que había visto era a su madre con gripe. Me hi...

El ascensor

Decía que mi camino hacia la recuperación está lleno de altibajos, aunque hay más bajos que otra cosa. El ascensor de consultas externas del Hospital es uno de los bajos más grandes que existen. Funcionar, funciona bien, es decir, sube cuando le das a subir y baja cuando le das a bajar. Va lento, pero también es lento Bielsa hablando y nadie se queja. El problema es entrar, porque siempre va hasta la bandera. Y el problema de no poder entrar no es igual para todos, porque las dolencias de cada cual se atienden en un piso diferente. Así, las de neurocirujía, que es el caso que me ocupa, están en la sexta y última planta. De esta manera, los operados de columna tenemos dos opciones, que son: o bien esperar de pie veinte minutos, o cincuenta, o bien subir las 119 escaleras. Las dos cosas son malísimas para la espalda, en la misma medida, así que da igual la opción que uno elija. Y la gente, que no es tonta, no ayuda nada, en parte porque las lesiones del vecino nos importan u...

Elementos impulsores

Los procesos post operatorios tienen elementos impulsores y elementos retardadores. Entre los elementos retardadores está la visita de unas tías políticas que no se van, o ver a Mariano Rajoy saltando en un mitin. O ir al médico neurocirujano, que tiene el mismo efecto sobre el estado de salud de uno que si vas a la mercería. Y entre los elementos impulsores está que el equipo de tus amores gane en Anoeta un domingo por la mañana, mientras tú te tomas un vermut detrás de otro, y otro más cuando el árbitro pita el final, pudiendo dedicar el resto del día y las semanas siguientes a ver el video de los goles en Internet, doscientas veces, o mil, cada vez que te duela un poco.