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La primera ley fundamental de la estupidez humana

Aprovechando la llegada de la primavera, quería retomar el hilo de anteayer, escribir algo corto y bonito, con una canción, pero no me dejan. Y debo volver a hablar de estupidez.       Lo hago impulsado por la requisitoria de un Inspector de Educación que pide, hoy domingo, y para mañana, lunes, a los centros a él adscritos, que le envíen su protocolo de crisis. Pensaba aconsejar que pidieran al Inspector que les mande el protocolo de crisis de la Inspección, para copiarlo, pero me ha picado la curiosidad, y he decidido buscar en el libro de Cipolla una explicación a tal comportamiento. Y la he econtrado en el despliegue de la primera ley fundamental de la estupidez humana, esa que, como os comentaba ayer, dice que siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpidos que circulan por el mundo. Pues bien, Cipolla explica que "por muy alta que sea la estimación cuantitativa que uno haga de la estupidez humana,...

Las leyes fundamentales de la estupidez humana

El actual estado de cosas, todos encerrados, hace más difícil la propagación del virus, pero multiplica el número de estúpidos, o, al menos, hace aflorar todos los que había. Por eso, es de todo punto obligado retomar este blog en el punto en el que lo dejamos y recordar en este momento, en mitad del estado de alarma, las cinco leyes fundamentales de la estupidez humana, que tan oportunamente glosó Carlo Maria Cipolla en su inolvidable "Allegro ma non troppo". Primera ley: siempre e inevitablemente cada uno de nosotros subestima el número de individuos estúpid os que circulan por el mundo (por eso nos sorprende ver a tantos, por todos lados, yéndose a Gandía desde Madrid, o a Laredo, desde Bilbao, a evadirse un poco de esta situación angustiosa). Segunda Ley: la probabilidad de que una persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de la misma persona (por eso, no debe sorprendernos ver a diputados, inteligentes personas, dando be...

Securitas Direct

(si os preguntáis por qué ha transcurrido más de un año sin un egunon Mikel, no tengo la respuesta) - Securitas Direct, dígame? - Buenos días, no pienso instalar una alarma, y menos, la suya. No tengo miedo de que me roben. De hecho, vivo a ras de calle y me dejo las llaves puestas por fuera una vez a la semana, más o menos, y a veces, toda la noche. Los ladrones me ignoran porque saben que lo que tengo ahí dentro no vale un pimiento. Aunque intenten ustedes crearme una inquietud con su malditos anuncios de a todas horas, me dan igual sus historias, rollos burgueses de familias de lechuguinos que viven en chalets, acojonaos de que les entren, de que se les metan en las casas, la de aquí y la de la playa, que casa con dos puertas mala es de guardar y dos casas con una puerta cada una, igual de mala que una casa con dos puertas. Váyanse al carajo, ustedes, sus alarmas, su musiquillla machacona, su publicidad infecta, los vecinos hablando de jardín a jardín y de chalet a chalet. ...

Feliz Navidad

Egunon Mikel, como se acerca la nochebuena, te voy a contar un cuento de Navidad. Está la mesa preparada. Mantel de hilo, blanco blanquísimo, platos de porcelana, copas de cristal de bohemia, familia vestida con camisas de domingo, trajes y corbatas de seda. Y yo me acerco a la escena cuando todos están ya sentados, impactando mi cabeza, no me preguntes por qué, contra una estantería que hay suspendida sobre la mesa. No me preguntes ni por qué impactó ni por qué hay una estantería sobre la mesa. El impacto es tan brutal que la estantería queda temblando, y mientras me retuerzo de dolor, de ella cae una botella de dos litros de aceite de oliva virgen extra, que al chocar contra la mesa se hace pedazos, y destroza en su caída tres platos y seis copas, deja la mantelería perdida, el pavo trufado, pero de cristales, y salpica la ropa de seis comensales, el suelo, las paredes, las sillas, la tapicería de las sillas y al pobre perro que andaba por ahí. Se hace el silencio. Escu...

"Algo pasa ahí"

Egunon Mikel, como todos somos madridistas, aunque aún no lo sepamos (es la teoría de Florentino), me siento urgido a dar una respuesta a las preocupaciones de nuestro entrenador, que, después de ver los cinco partidos de sanción a Cristiano Ronaldo, dice que "ahí pasa algo". Pasa, en mi humilde opinión, que tenemos a un futbolista en la plantilla que comete muchas estupideces. Tantas, que en cualquier empresa le animarían a marcharse, porque con su actos va degradando la imagen de la entidad. Pasa, también, que ese futbolista es el que mejor juega. Y el que más dinero hace ganar al club. Y a ver quién es el guapo que gestiona eso. Pasa que ese jugador, 48 horas después de empujar al árbitro que lo expulsó (la expulsión vino directamente provocada por una estupidez anterior, que es la de quitarse la camiseta faltando 15 minutos para acabar el partido y celebrar un gol con la cara congestionada y medio en pelotas delante de 90000 personas), todavía no ha pedido dis...

Seguros

Egun on Mikel acabo de recibir una carta de La Caixa en la que me informan de que el seguro de vida que tengo con ellos ha sufrido algunas modificaciones. La primera de ellas es que se amplía la cobertura, al sustituir el concepto "meteoritos" por el de "cuerpos siderales o aerolitos". Antes, si me caía el trozo de un satélite chino en la espalda y me provocaba la muerte, no estaba cubierto. Y ahora sí. Antes solo me cubría el seguro si lo que me caía en la espalda es un trozo de roca desprendido de Plutón. No me digas que no es un avance. Pero ojo, que ya te veo venir. Para que me cubra el seguro, mi viuda no puede coger un trozo de lavadora Hisense del garbigune y presentarse delante del perito diciendo que ahí está, que la marca impresa en el trozo de chapa demuestra que es china la cosa que cayó del espacio. Antes bien, el Consorcio de Seguros se asegurará, consultando a los organismos públicos oficiales competentes, de que el trozo de metal tiene rela...

Ana

Egunon Mikel el domingo pasado viví una de las emociones más intensas de mi vida (de mi vida de últimamente, porque de la otra se me van olvidando cosas, y sensaciones). Estaba en la calle viendo cómo a 10 metros de mí Ana se despedía de las niñas a las que ha entrenado estos años. Y de sus aitas y amas. ¡Cuánto la quieren! Durante cada entrenamiento, hora tras hora, exigió esfuerzo, trabajo, disciplina, rigor, y todas esas cosas que parecen sacadas de libros de pedagogía antigua. Enseñó a pensar en el equipo, a sacrificarse por el equipo, a querer al equipo. Habló con todas y habló con cada una. Habló de lo que se hace en la piscina y de lo que se hace fuera de la piscina. Y lo hizo destilando (destilar se hace gota a gota) cariño en cada palabra y en cada silencio. Yo la vi llegar exhausta a casa cada noche, como solo les pasa a los que, además de dejarse la piel en el trabajo, dejan también el alma. Ese cariño lo recibió de vuelta, y ahora es el tesoro con el que via...