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Entradas

Berg

Egunon, Mikel. para ver si salgo un poco de casa y aprendo algo, tu tía me invitó anteayer a un concierto en el Euskalduna. La Orquesta Sinfónica de Euskadi interpretaba a Berg. No, yo tampoco sabía quién era Berg. Así que me leí el panfleto que reparten a la entrada. En mala hora. Fíjate lo que decía de la obra que íbamos a oir: "esta ambigüedad entre lo tonal y lo atonal deviene en un profundo recorrido psicológico, apuntalado por la delicada relación de fuerzas entre entre la disonancia y la consonancia, lo familiar y lo extraño, lo crudo y lo refinado, lo intelectual y lo emotivo". Te cagas, pensé. Y fue. Lo que pasó a continuación, cuando la orquesta tocó aquel concierto para violín y orquesta, me va a costar describirlo con palabras. Verás. Una joven rusa, que antes de concertista debió ser bailarina y antes  contorsionista, tocaba como con espasmos el violín hasta arrancarle notas imposibles. Tan imposibles que sus compañeros de orquesta no las entendían, o al me...

Calcetines

Egunon, Mikel. Hacía tiempo que no te dedicaba este saludo mañanero. En parte es porque me he vuelto tan raro que ya ni saludo por las mañanas. Pero hoy sí, y quiero decirte algo importante. Algo que puede serte de gran utilidad en la vida. Escucha bien: existen pocas tareas tan farragosas como la de juntar cada calcetín con su par. A mí me cuesta, dadas las circunstancias que me rodean. Lo primero que hay que hacer es que ambos coincidan en el mismo turno de lavadora. Eso ya es difícil, porque como el cubo de la ropa sucia está en el piso de arriba y la lavadora en el de abajo, y un calcetín es una cosa muy pequeña, al menos comparado con una camiseta, cuando subes ufano las escaleras pensando que ya está, una cosa menos, te encuentras dos calcetines por el camino, cada uno de un color o de un tamaño, que terminan siempre en el cubo de la ropa sucia, de arriba. Yo me siento triste en ese momento, porque pienso que pueden pasar semanas hasta el reencuentro. Si han pasado esta pri...

Carbón

Egunon, y carbón. Mucho carbón. Para el que inventó los badenes y para los municipios que los instalaron. Para Montoro y para Mourinho, tal para cual. Para los que ponen partidos de alevines los sábados a las 9 de la mañana en Gallarta. Para los que mandan sin criterio correos electrónicos con power points ñoños. Para los que montan grupos en el whatsapp. Para los que no se separan del smartphone ni a la hora de comer, ni a la hora de dormir. Para los que van por la autopista por el carril de en medio. Para el que parió los domingos por la tarde.

el padre del arbitro

Egunon "Yo soy el padre del árbitro", me dijo un señor en una de estas mañanas de sábado. "Vengo a verle porque tiene quince años, y a él no le anima nadie. Pita tres partidos de benjamines cada mañana de sábado, y falla en algunas jugadas, como vuestros hijos, supongo, que es lo que tiene el deporte. Yo le espero al acabar y le doy un beso en cuanto sale cambiado del vestuario. Me gusta que los demás padres vean que es un niño que hace deporte. A alguno hasta se le quitan las ganas de seguir insultándolo".

Estable dentro de la gravedad

Egunon. Siempre me ha llamado la atención que los médicos digan que alguien se encuentra estable dentro de la gravedad. Qué graciosos. Es como decir que está mal, pero igual de mal que ayer, y no peor. Es una mala noticia, porque el enfermo no mejora, pero diciendolo así, la noticia parece hasta buena, porque la estabilidad es una cosa muy buena. Los países necesitan estabilidad, la economía necesita estabilidad, las personas necesitamos estabilidad, el Athletic necesita estabilidad, los equilibristas necesitan estabilidad... Ahora que veo como hace las cosas el Gobierno de España voy entendiendo mejor el sentido que puede tener lo de estable dentro de la gravedad. Ministros estables dentro de la gravedad. Ministros inalterados e inalterables dentro del caos. Pirómanos con doce ocho de tensión mientras incendian y conceden entrevistas a la vez que se sacuden con las manos el fuego de sus trajes ignífugos: "sí, estoy incendiando estas plantas de aquí porque no pued...

Morirse a lo tonto

"Heriotzak ere ez du sekula kartarik erakusten" (la muerte nunca enseña las cartas), dice Uribe en esa novela tan especial que os he recomendando ni sé las veces ("Bilbao - Nueva York - Bilbao") Yo creo que es al revés, pero la realidad no. La realidad dice que la muerte permanece siempre agazapada detrás de nuestra estupidez. Prueba de ello es que Maria nadaba tan ricamente en un parque de Quebec con su traje de novia, pidiendo que le hicieran fotos, hasta que el traje se hizo tan pesado que la arrastró y la ahogó. El día de su boda, con 30 años. Maria se murió estúpidamente. Igual que Hanna Lundmark imaginó la muerte, como una calma súbita, inesperada, que aparece de ninguna parte, como el viento. Un traslado repentino al socaire.