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Navidad. Sin cuentos

-      “A ver, los renos a un lado y los camellos a otro, venga esa cadena, que no se pare!!!”

Oyendo el anuncio de aquel centro comercial para esta Navidad, se preguntaba la mula qué renos ni qué camellos ni qué carajo, si quienes habían hecho la guardia de Aquella Noche eran ella y el buey.

Comentarios

  1. Aquella noche, Aquella Mujer había dado a luz a su Hijo.
    Sólo brigadas por la paja y la respiración de la mula y el buey.
    Después del largo viaje y el parto, aquella cuadra le pareciò el más dulce hogar abrazando a su hijo y contemplada con admiración por su esposo.

    Nada de soculenta cena.
    Ni de luces de colores.
    Ni espumillón.
    Ni el corteingles había abierto sus puertas.

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Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

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