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Mostrando las entradas etiquetadas como Madrid

yo sé por qué

Querido Mourinho: usted siempre acaba con diez contra el Barça porque sus futbolistas se lian a patadas para pararlos. Contra el resto de equipos ustedes casi siempre acaban con once. Y normalmente los árbitros suelen confundirse a su favor, cosa que nos pone muy nerviosos al resto de aficionados al fútbol, los que no somos ni del Madrid ni del Barça, que existimos. Y eso pasa porque los árbitros se confunden, como usted. Y como yo. Y el juicio se les nubla cuando los futbolistas y los entrenadores se empeñan en hacerles la vida imposible. Como ayer. Por otro lado, agradecería tomara usted la senda de la moderación y el buen juicio, la educación y el sentido común. Más que nada porque es usted la persona que ocupa más tiempo en los medios, al que ven más niños a los que les gusta el fútbol. Y aprenden lo que ven. Y si no puede con ello, a lo mejor tiene que volver a ser segundo entrenador. El mejor del mundo, por supuesto. Suyo afectísimo

¿Qué contaminación?

Vengo de Madrid, y doy fe de que lo que dicen de la contaminación es mentira. La capa de mierda está muy arriba. De hecho, cuando el avión la atraviesa hace así una especie de trastabillón. Pero luego vas por la calle y no se nota. Apenas ví ambulancias. Y en la avenida Moratalaz dos cadáveres de perro con las mucosas llenas de CO2 y una anciana con mascarilla. Nada.

si. o no

Me baje en Iglesia, y dejé atrás la Glorieta del Pintor Sorolla para enfilar por el Paseo de Martínez Campos, cuando una señora se dirigio a mí para, señalando con el dedo hacia allí, preguntarme algo. Yo solo alcancé a entender que acababa por "147?" No sabía si el 147 se refería al número de la calle o al de un autobús de linea. Tampoco me dió tiempo a pensar, ni me lo dí. Pude contestar: - perdone, pero no le he entendido nada, ¿me puede repetir la pregunta? O desentenderme directamente y decir: - lo siento, pero no soy de aquí. o, - perdone, pero tengo un día horrible y no sé ni donde estoy. Pero me sentí plúmbeo, agotado e incapaz de nada, y contesté que sí, y ella me quedó muy agradecida. Qué cabrón, diréis. Pues me parece un juicio precipitado, porque si era que sí...