Ya expliqué que ir a misa con Xavi los domingos es algo cargado de
momentos de plenitud. Ayer, como celebrábamos la Navidad, los niños
hicieron un teatrillo con una figura del niño Jesús en el medio, al
parecer porque no había un bebé que aguante quieto una misa. Me preguntó
a ver por qué el niño Jesús tiene tanto pelo si es un bebé, y yo le
dije que era un problema de hormonas, que es el tema que estoy dando
ahora en Ciencias de 2º de la ESO. También le dije que las concepciones
virginales vienen cargadas de un montón de interrogantes que nunca han
sido investigados, porque no hay universidad americana que se preste a
eso, por muy prestigiosa que sea, porque ninguna quiere jugarse su
prestigio. Y asintió con la cabeza, porque no discute la autoridad con
la que hablo de estos temas. Ni de otros.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
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