Como no tengo nada que hacer en la vida y soy cliente de Movistar,
Euskaltel y Orange, que tiene cojones, llamé a una de ellas, a boleo,
porque tengo conflictos con todas. Pregunté a ver qué era eso de estar
pagando 46 euros al mes por el pincho de internet cuando por los mismos
cinco gigas los de Vodafone me cobraban 35. Después de pasar cincuenta y
dos minutos, nueve personas y otros nueve departamentos, una joven de
acento dominicano me dijo que en adelante me cobrarían sólo los 35 euros, aunque
los tres primeros meses, por mi cara bonita, el recibo sería solo de 17,
y cuando le dije que me parecía muy bien me dijo que me transfería con
el departamento correspondiente, en el cual me dijeron que para hacer
efectivo el cambio de tarifa me pasaban de inmediato con el departamento
correspondiente, en el cual me dijeron que ya se había hecho efectivo
el cambio de tarifa, del pincho de internet, que pasaba a ser, según lo acordado, de 19
euros mensuales durante los próximos 24 meses, por cinco gigas, que a ver si estaba de acuerdo, y dije que sí, aunque luego
pensé que si hubiera insistido un poco más, lo saco por la mitad.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Pues, sí creo que a las operadoras les coges de ronda en estos momentos de crisis, antes de Navidad y también según con quién hables.
ResponderEliminarEstán de oferta todas a la greña, a ver quién pierde menos clientes y atrae a los de la competencia, un trajín de altas y bajas, de forma que las ofertas cambian de un día para otro y con tanta publicidad no saben si te ofertan los de ellas o lo de la contraria que acaban de recibirla en el móvil personal.
Ayer estuve un buen rato viendo la televisión, para acercarme, siempre desde lejos a lo que ve la media del estado español. Y los anuncios de colonias y operadoras se quitaban la palabra unos a otros. Me resulta muy difícil compaginar qué colonia comprarme con aprovechar la última oferta de tarifa plana. No veo como conectar la sensualidad y los vestidos y zapatos de tacón de aguja de los perfumes que debes llevar, para asistir a la reuniones verbeneras de portal o de barrio en las que elegir por asamblea qué operadora te conviene más. Claro, que si luego coincide que ves ese anuncio en el que no compran un coche porque es demasiado barato, aunque daba unas prestaciones de "la de dios", se te funden las neuronas.
Vamos que me quedo con uno que decía que debíamos desaprender lo aprendido y empezar de nuevo, que la verdad no sé qué anunciaba, pero que me pareció el mejor consejo para la vida que llevamos. Me quedé con esa idea y apagué la tele.