Ahora que la UE va destinar 50 millones de euros a un programa de protección del lince ibérico y que el atún rojo empieza a dar señales de recuperación, a lo mejor podemos empezar a pensar en las personas.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Me parece una idea excelente y mira que no es nueva.
ResponderEliminarAdemás sale muchísimo más barato que lo del lince.
Con sólo sonreír más, escuchar mirando a los ojos y pensar en cómo tener más contentos a los que se tiene cerca, es suficiente.
Parece sencillo, la dificultad está en que nos concentramos cada uno en nosotros mismos y ahí es donde falla la cosa.
Por qué será siempre que el problema de la teoría es llevarla a a práctica.