El egunon de esta mañana tiene que ser muy serio, porque a Mikel, cuando se ríe, le tiran los puntos, y cuando se ríe a carcajadas acaba llorando. Así que quiero deciros que desde que soy un conductor reeducado y sensibilizado soy más circunspecto que antes, respeto todas las señales de tráfico, paro delante de los semáforos en ámbar, en lugar de acelerar, miro para todos los lados delante de los pasos de cebra, y siempre estoy muy serio mirando para adelante o por los retrovisores. Nada me distrae, y me he convertido en un palizas al volante. No doy conversación, no escucho lo que dicen, me trago la música que me ponen sin protestar más que levemente, y solo me doy al cachondeo en el área de servicio de Los Monegros. Ya os explicaré por qué, si lo descubro.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
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