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Osteopatía

Como estoy convencido de la continuidad entre mi cuerpo de hoy y mi cadáver de mañana, me he propuesto entrenarme para cuando esté tumbado en una sala de la Facultad de Medicina delante de estudiantes hurgando ahora en mi oreja y luego en mi vesícula. Y me he ido a una clase de la Escuela Internacional de Osteopatía a que experimenten con el caso único que soy, a estas alturas.

He tenido que vencer algunas resistencias. La primera, mi vergüenza a estar en calzoncillos delante de más de dos personas. Había treinta. No he podido mirar al frente, así que no sé qué cara han puesto, pero me la imagino. La segunda, la tendencia de mis intestinos a liberarse ante la presión insistente del osteópata en mi vientre.

Me han arreglado el codo derecho, de cuyos desperfectos yo era un completo ignorante, y me han puesto la pelvis en su sitio, porque la tenía revirada. Y he descubierto una curiosa coincidencia: mi clavicula fracturada, la derecha, mi codo fisurado, el derecho, mi testículo infectado, el derecho, mi riñón, el del cólico, el derecho, y la ciática, en la pierna derecha.

Ahora lo entiendo todo.

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