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El Txo

El Txo es una de esas personas entrañables que uno se encuentra en cualquier lugar de trabajo. En lugar de poner "El Txo, fisioterapeuta", en el bolsillo izquierdo de la chaqueta, como todo el mundo en el Hospital, lleva en su zueco escrito: "el Txo", como diciendo, a quien quiera mirarle a los pies, aqui estoy yo. Y despelucado, porque no le da tiempo a peinarse, tan pronto se levanta por las mañanas, recorre el pasillo de rehabilitación arriba y abajo una y otra vez con el único objetivo de no encontrarse con nadie, ni fisio ni paciente, que le dé que pensar o que trabajar. El empeño es imposible, porque el pasillo mide diez metros y hay cuatro boxes con aparatos a la derecha, todos llenos de personas lesionadas diciendo ay, ay, y cosas parecidas, y no hay uno, ni dos, sino cuatro recuperadores, contándole a él, recorriendo el mismo pasillo. Y a pesar de todo lo consigue, qué bárbaro. En la hora larga que me ocupan los tres aparatos, no veo al Txo ocuparse de nada. Ni a ninguna de sus compañeras molestarle con comentarios como a ver si haces algo o ya está bien de mirar.

Un figura.

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Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

un regalo original

Ya tengo pensado lo que voy a regalar en Navidad. Unos canadienses han inventado la chaqueta inteligente, capaz de detectar el estado de ánimo de su portador, y de subirselo, si fuera necesario, a través de la reproducción de archivos multimedia. Cuando la prenda, gracias a sus sensores, identifica en el portador una emoción decaída, se conecta a Internet y le ofrece, gracias a un altavoz que tiene en la capucha, canciones o frases para reconfortarle. La chaqueta tambien puede proyectar imágenes emotivas o texto en una de sus mangas. Imagínate, que vas por la Gran Vía y de repente una señora deprimida encapuchada con la que te cruzas empieza a emitir el I was born to love you de Freddy Mercury a todo volumen, qué susto. Y que cuando te giras para mirar lees en los neones de sus brazos Dios te quiere , o Mariano te ama , o soy fea pero resultona . Aunque yo ya tenía una chaqueta anti - estrés. Con los bolsillos llenos de chocolatinas. Y sin tanta mariconada.