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ambulancias

Los martes y los jueves, en la ambulancia viajamos cuatro, y el conductor. Un paralítico, una paralítica, que además es sorda, una señora que va muy pintada y yo. La sorda va hablando sola, o con los demás, como para que la oigamos:


- pues se han muerto cuatro esta mañana en un accidente no sé dónde.

o

- España va faltalmente, con toda esa gente que ha entrado, fíjate en Alemania, cómo saben, porque nosotros también fuimos emigrantes, pero íbamos con contrato.

Y el paralítico, que está hasta aquí de la sorda, y que viaja detrá de mí, le va soltando a ella inconveniencias y a mí golpecitos cómplices, cuando no toñejas, lo cual me molesta un poco, claro.

De la señora que va muy pintada no he dicho nada porque su papel en la juerga esta es más bien de espectadora muda. Debe tener un problema interior, porque de la ambulancia sale por su paso tranquilamente.

El conductor solo nos llama la atención cuando molestamos mucho o cuando los comentarios del paralítico suben de tono, con insultos graves, o así

Para diez minutos que dura el viaje, a toda leche por la A8 saltándonos el límite de velocidad con el lanzadestellos y las sirenas, vamos entretenidos.

Comentarios

  1. Pues menos mal que dura poco el trayecto.

    Habría que ser un poco héroe para aguantar que durase más.

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