Lo que menos necesita un enfermo con dolor es que le toquen los huevos, si no es por un asunto de urología, que entonces es lo propio. Es lo que contestó cuando el médico le dijo que había que tener un poquito de paciencia y dar tiempo a los tratamientos. Luego, también le dijo que si él no podía quitar el dolor le dejara a otro que lo intentara, que no pasaba nada, que lo contrario es como decir yo soy dios y esta enfermera de aquí al lado mi profeta. Después le soltó que si en toda la carrera lo que había aprendido de relación con los pacientes era eso, ya se imaginaba el resto del expediente académico, y para terminar, le pidió que le perdonara por todos los exabruptos anteriores, porque como ya había tenido ocasión de comprobar, no se encontraba muy bien.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Espero que no hayas tenido que ser tú el de los exabruptos, porque aún no consigan quitarte los dolores de la lumbalgia, sería lamentable.
ResponderEliminar¡que Dios nos libre de dolores, cuándo no es capaz de hacerlo Osakidetza!