Mucho se ha hablado sobre los efectos beneficiosos del trabajo sobre la salud. La mayoría de las cosas que se han dicho, chorradas. Sin embargo, una vez anduve tomando unos opiáceos que me calmaban el dolor pero me producían estreñimiento. Y como no era cuestión de saturar al organismo, combatía esto último con dósis extras de fibra en los cereales de la mañana y de la noche, nada de botica. Y ningún resultado, tampoco. Hasta que me puse a trabajar dos horas sobre un informe en el que unas personas que no habían hecho nada contaban como habían hecho todo. Oye, como nuevo. A por más opiáceos para el dolor.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
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