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obsesión por el orden

Antes embarcabas en diez minutos. Ahora, la obsesión por cargar ordenadamente los aviones hace que tardemos media hora. Primero las familias con niños, luego ancianas, luego los flacos, a continuación los donostiarras, que siempre cuesta un poco más colocarlos, después los pasajeros con asientos comprendidos entre la fila 15 y la 28, y luego el resto.

Una vez en el interior de la aeronave, la tripulación tampoco pone mucho de su parte para agilizar la faena, porque en su empeño de que quede bonito el conjunto van haciendo apaños aquí y allá diciendo a ver señora, sí, la gorda, cambiese usted de lado que vamos a volcar, y usted, el despeinado, que no pega nada junto a ese señor de bigote, pero si este señor es mí esposa, pues me da igual, no empecemos con disculpas tontas, póngase al lado, por ejemplo... si, de ese chico con tatuajes, y tú, el de las gafas de culo de vaso, pon esa maleta roja que tienes encima en medio de esas otras dos azules de enfrente, que va mejor con el color del maquillaje de la señora de debajo, pero si esa maleta roja no es mía, ni mía tampoco, a ver si no entorpecemos el ambarque, por favor, un poquito de colaboración, que no nos vamos a ir hasta mañana.

Luego salimos tarde y el comandante se disculpa con razones ajenas a su voluntad, como el tráfico árereo, cuando en realidad todoes consecuencia de esta obsesión enfermiza por el orden.

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Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

un regalo original

Ya tengo pensado lo que voy a regalar en Navidad. Unos canadienses han inventado la chaqueta inteligente, capaz de detectar el estado de ánimo de su portador, y de subirselo, si fuera necesario, a través de la reproducción de archivos multimedia. Cuando la prenda, gracias a sus sensores, identifica en el portador una emoción decaída, se conecta a Internet y le ofrece, gracias a un altavoz que tiene en la capucha, canciones o frases para reconfortarle. La chaqueta tambien puede proyectar imágenes emotivas o texto en una de sus mangas. Imagínate, que vas por la Gran Vía y de repente una señora deprimida encapuchada con la que te cruzas empieza a emitir el I was born to love you de Freddy Mercury a todo volumen, qué susto. Y que cuando te giras para mirar lees en los neones de sus brazos Dios te quiere , o Mariano te ama , o soy fea pero resultona . Aunque yo ya tenía una chaqueta anti - estrés. Con los bolsillos llenos de chocolatinas. Y sin tanta mariconada.