Ir al contenido principal

La servilleta

En diez años que llevo viviendo en esta casa, las servilletas siempre han estado recogidas por el mismo servilletero de madera pintada. Cada una de las cinco servilletas se recoge con uno de un color diferente.

Y nunca he sabido cuál es el mío. Lo atribuyo a que como los manteles que usamos son de colores, y no siempre toca el mismo color donde yo me siento, tanta mezcla me altera la percepción sensorial. Además, con la mierda que va acumulando el mantel los colores van mudando y así no hay quien se aclare.

Cuando tengo que poner la mesa dejo las servilletas en una esquina y cada uno coge la suya. Yo, la que sobra. Como sé que es la mía, no me fijo en el color del servilletero.

Ya veis. Cualquier disculpa me vale para no reconocer que se me va la vida por los agujeros de la memoria.

Comentarios

  1. Caray!! ¿Por qué me resulta tan familiar esta historia?

    Compré los servilleteros porque me gustaron; ese color, como mezclado, que tenía cada uno de ellos me pareció agradable.

    El azul, no era azul del todo, tenía un toque como hacia verde. El rojo, una cierta cadencia hacia el marrón, y entre los dos, camuflaban al naranja. Este último -por más que lo intentara- no tenía nada que hacer cuando se trataba de imponer su identidad frente al amarillo.

    Un caos!!!

    Pero me siguen gustando.

    Cierto es, que cada vez cambio antes las servilletas, y el rollo de cocina..., o porque los hacen más delgados..., o por lo que sea, pero a mí me dura un "pis pás".

    ResponderEliminar
  2. Es que a mi siempre me ha sonado la palabra servilleta a mezcla de dos palabras; con lo que servilletero, ni te cuento.

    Servi debería acabar en cio y lleta empezar por ga. Es decir que lo normal es: servicio y galleta.
    Porque si no, también deberían existir las palabras serviga y ciolleta. Con esto ya empezamos a encontrar problemas y nos acercamos más al follón de servilletero.

    Es imposible retener lo del servilletero.
    La primera impresión al oír la palabra es: será una clase de insecto o así, como lepidóptero. Y ya lo rechazas, dejándolo para los de ciencias.

    Luego puedes analizar, todo el mundo conoce lo que significa "servil" y lo que significa "etero"( la h es aspirada y prescindimos de ella). Servil tiene connotación negativa: sinónimo de rastrero y lameculos. Hetero significa otro, distinto. Vamos que por ese lado tampoco es nada atractivo el término. Más bien que prescindes.

    Y si además le pones colores ¡y mezclados! que los del sexo masculino nunca distinguen bien entre naranja, melocotón, beige, garbanzo o blanco matado. A los chicos no les sirve para distinguir su servilleta.

    Vamos, que se inventaron los servilleteros para confundir. ¡Toda la vida de Dios se han bordado las iniciales de cada uno en la servilleta!
    Y puestos a ser modernos hay unos rotuladores permanentes y que cada cual se personalice la suya.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

un regalo original

Ya tengo pensado lo que voy a regalar en Navidad. Unos canadienses han inventado la chaqueta inteligente, capaz de detectar el estado de ánimo de su portador, y de subirselo, si fuera necesario, a través de la reproducción de archivos multimedia. Cuando la prenda, gracias a sus sensores, identifica en el portador una emoción decaída, se conecta a Internet y le ofrece, gracias a un altavoz que tiene en la capucha, canciones o frases para reconfortarle. La chaqueta tambien puede proyectar imágenes emotivas o texto en una de sus mangas. Imagínate, que vas por la Gran Vía y de repente una señora deprimida encapuchada con la que te cruzas empieza a emitir el I was born to love you de Freddy Mercury a todo volumen, qué susto. Y que cuando te giras para mirar lees en los neones de sus brazos Dios te quiere , o Mariano te ama , o soy fea pero resultona . Aunque yo ya tenía una chaqueta anti - estrés. Con los bolsillos llenos de chocolatinas. Y sin tanta mariconada.

La malvada sociedad del bienestar (1)

Junto a sus muchas bondades, como el alargamiento de la esperanza de vida de los seres humanos, el diseño actual de la sociedad del bienestar encierra algunas maldades que me veo en la obligación de sacar a la luz. Es tal la cantidad de años que se le abren por delante a la persona, que, para aligerar el coste de mantenimiento de huesos y tendones, el sistema diseña artilugios que acortan por el lado de allí lo que la dieta mediterránea alarga por el lado de aquí. Hay muchos de estos inventos, darían para una serie de estúpidos comentarios como este, pero hoy voy a referirme a las fundas nórdicas, objeto que se ha generalizado en la misma medida que Ikea ha ido sustituyendo a Pedro Salcedo en el diseño y suministro de ropa de cama para bilbaínos y bilbaínas. Que hay que ser bobo, porque esta tienda del Casco Viejo regalaba siempre la confección de cortinas a quien compraba un par de sábanas. Bajera, encimera y manta. Y ya está. Así dormíamos. Pero no, ahora toca la funda, con su rellen...