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Enterrar

Enterrar es una práctica muy socorrida para el tratamiento que los humanos dan a sus cadáveres, pero la imaginación, la humana, da para enterrar muchas más cosas.

Se puede enterrar una carta de amor. Es una cursilada, y cuando la desentierras después de veinticinco años te das cuenta de que lo tonto que eres ahora es una consecuencia lógica de lo tontito que eras entonces.

Y un cerdo. Si entierras un cerdo ningún musulmán osará rezar encima de esa tierra, que no sé como no se les ha ocurrido a los fundamentalistas cristianos neoyorquinos, a vueltas con la mezquita que quieren construir en la zona 0.

Y si eres guatemalteco y tienes un superávit de 4,2 millones de dólares fruto del narcotráfico y la Interpol te pisa los talones, los entierras en un predio baldío en San Salvador, y cuando vengan mejores tiempos lo vas a buscar, rezando por el camino para que no hayan construido encima un polideportivo municipal, o no lo hayan desenterrado alguno de los tres millones de salvadoreños que andan poniendo solares y patios patas arriba a ver si aparecen más, que ya van dos barriles llenos de dólares en diez días.

Comentarios

  1. ¡Cuánto más difícil es enterar el hacha de guerra, los malos rollos, las experiencias negativas, el pasado....!

    y eso que saldríamos ganando más, que los del cerdo en las tierras de mezquitas.

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