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El ascensor

Decía que mi camino hacia la recuperación está lleno de altibajos, aunque hay más bajos que otra cosa. El ascensor de consultas externas del Hospital es uno de los bajos más grandes que existen. Funcionar, funciona bien, es decir, sube cuando le das a subir y baja cuando le das a bajar. Va lento, pero también es lento Bielsa hablando y nadie se queja. El problema es entrar, porque siempre va hasta la bandera. Y el problema de no poder entrar no es igual para todos, porque las dolencias de cada cual se atienden en un piso diferente. Así, las de neurocirujía, que es el caso que me ocupa, están en la sexta y última planta. De esta manera, los operados de columna tenemos dos opciones, que son: o bien esperar de pie veinte minutos, o cincuenta, o bien subir las 119 escaleras. Las dos cosas son malísimas para la espalda, en la misma medida, así que da igual la opción que uno elija. Y la gente, que no es tonta, no ayuda nada, en parte porque las lesiones del vecino nos importan una mierda, y en parte porque la gente, perdonen la obviedad, siempre tiene prisa, y si ven que no hay forma de bajar del 3º al bajo, toman el ascensor de subida hasta el 6º para despues bajar, aunque se estén tres cuartos de hora en el elevador, que nunca deja de estar petao. Cuando llegué el dia de autos hasta la consulta del neurocirujano, estaba bastante cansado mentalmente, y lleno de estrés. Y se notó.

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Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

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