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El ascensor

Decía que mi camino hacia la recuperación está lleno de altibajos, aunque hay más bajos que otra cosa. El ascensor de consultas externas del Hospital es uno de los bajos más grandes que existen. Funcionar, funciona bien, es decir, sube cuando le das a subir y baja cuando le das a bajar. Va lento, pero también es lento Bielsa hablando y nadie se queja. El problema es entrar, porque siempre va hasta la bandera. Y el problema de no poder entrar no es igual para todos, porque las dolencias de cada cual se atienden en un piso diferente. Así, las de neurocirujía, que es el caso que me ocupa, están en la sexta y última planta. De esta manera, los operados de columna tenemos dos opciones, que son: o bien esperar de pie veinte minutos, o cincuenta, o bien subir las 119 escaleras. Las dos cosas son malísimas para la espalda, en la misma medida, así que da igual la opción que uno elija. Y la gente, que no es tonta, no ayuda nada, en parte porque las lesiones del vecino nos importan una mierda, y en parte porque la gente, perdonen la obviedad, siempre tiene prisa, y si ven que no hay forma de bajar del 3º al bajo, toman el ascensor de subida hasta el 6º para despues bajar, aunque se estén tres cuartos de hora en el elevador, que nunca deja de estar petao. Cuando llegué el dia de autos hasta la consulta del neurocirujano, estaba bastante cansado mentalmente, y lleno de estrés. Y se notó.

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Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

un regalo original

Ya tengo pensado lo que voy a regalar en Navidad. Unos canadienses han inventado la chaqueta inteligente, capaz de detectar el estado de ánimo de su portador, y de subirselo, si fuera necesario, a través de la reproducción de archivos multimedia. Cuando la prenda, gracias a sus sensores, identifica en el portador una emoción decaída, se conecta a Internet y le ofrece, gracias a un altavoz que tiene en la capucha, canciones o frases para reconfortarle. La chaqueta tambien puede proyectar imágenes emotivas o texto en una de sus mangas. Imagínate, que vas por la Gran Vía y de repente una señora deprimida encapuchada con la que te cruzas empieza a emitir el I was born to love you de Freddy Mercury a todo volumen, qué susto. Y que cuando te giras para mirar lees en los neones de sus brazos Dios te quiere , o Mariano te ama , o soy fea pero resultona . Aunque yo ya tenía una chaqueta anti - estrés. Con los bolsillos llenos de chocolatinas. Y sin tanta mariconada.