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antesala

Tras despedirnos de los familiares, nos condujeron a los cuatro a una habitación extraña, mitad consulta de enfermería, mitad UCI, donde había un cirujano de verde completamente desubicado que nos preguntó si nos molestaba que estuviese allí. Yo le dije que podía quedarse siempre que no se empeñara en sacar conversaciones tontas para pasar el rato.

Luego entraron dos niñas como de tercero de la ESO, una más alta y otra más baja, completamente vestidas de azul, a las que solo se les veían los ojillos, y se dirijieron a uno de nosotros, a una señora de unos setenta años que parecía que se operaba todos los jueves.

Hola, cantaron al unísono, somos la cirujana y la anestesista que le vamos a operar, hemos visto que es usted alérgica a la penicilina, ¿es alérgica a algo más?, sí, contestó, a otras tres cosas que acaban en ina, y qué cosas son, pues no me acuerdo, pues no me fastidie, señora, pues pregúntenle a mi marido, un señor que está afuera con una bolsa, bueno déjelo, lo que sí tengo son gases, ¿gases?, si, cuando como verdura, bueno pero eso no importa, porque está usted en ayunas, ¿no?, claro, claro, hala, pues entonces vamos, bueno, y una vez tuve ciática, ¿Y cuando fue eso?, cuando dí a luz a mi hija, uy, mujer, si de eso hace una eternidad, señorita, que no soy tan mayor, no quería decir eso, pues ya lo ha dicho.

Cuando me vivieron a buscar a mí me preguntaron que por qué me reía, y les dije que porque tiene gracia, operarse los jueves.

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Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

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