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antesala

Tras despedirnos de los familiares, nos condujeron a los cuatro a una habitación extraña, mitad consulta de enfermería, mitad UCI, donde había un cirujano de verde completamente desubicado que nos preguntó si nos molestaba que estuviese allí. Yo le dije que podía quedarse siempre que no se empeñara en sacar conversaciones tontas para pasar el rato.

Luego entraron dos niñas como de tercero de la ESO, una más alta y otra más baja, completamente vestidas de azul, a las que solo se les veían los ojillos, y se dirijieron a uno de nosotros, a una señora de unos setenta años que parecía que se operaba todos los jueves.

Hola, cantaron al unísono, somos la cirujana y la anestesista que le vamos a operar, hemos visto que es usted alérgica a la penicilina, ¿es alérgica a algo más?, sí, contestó, a otras tres cosas que acaban en ina, y qué cosas son, pues no me acuerdo, pues no me fastidie, señora, pues pregúntenle a mi marido, un señor que está afuera con una bolsa, bueno déjelo, lo que sí tengo son gases, ¿gases?, si, cuando como verdura, bueno pero eso no importa, porque está usted en ayunas, ¿no?, claro, claro, hala, pues entonces vamos, bueno, y una vez tuve ciática, ¿Y cuando fue eso?, cuando dí a luz a mi hija, uy, mujer, si de eso hace una eternidad, señorita, que no soy tan mayor, no quería decir eso, pues ya lo ha dicho.

Cuando me vivieron a buscar a mí me preguntaron que por qué me reía, y les dije que porque tiene gracia, operarse los jueves.

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