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Entradas

La malvada sociedad del bienestar (1)

Junto a sus muchas bondades, como el alargamiento de la esperanza de vida de los seres humanos, el diseño actual de la sociedad del bienestar encierra algunas maldades que me veo en la obligación de sacar a la luz. Es tal la cantidad de años que se le abren por delante a la persona, que, para aligerar el coste de mantenimiento de huesos y tendones, el sistema diseña artilugios que acortan por el lado de allí lo que la dieta mediterránea alarga por el lado de aquí. Hay muchos de estos inventos, darían para una serie de estúpidos comentarios como este, pero hoy voy a referirme a las fundas nórdicas, objeto que se ha generalizado en la misma medida que Ikea ha ido sustituyendo a Pedro Salcedo en el diseño y suministro de ropa de cama para bilbaínos y bilbaínas. Que hay que ser bobo, porque esta tienda del Casco Viejo regalaba siempre la confección de cortinas a quien compraba un par de sábanas. Bajera, encimera y manta. Y ya está. Así dormíamos. Pero no, ahora toca la funda, con su rellen...

12 de abril de 2024, tres cosas.

  Solo quiero decir tres cosas, porque al día de la Tercera Gabarra le empiezan a sobrar   palabras. Así que comparto una confesión, una constatación y una sensación.   Me confieso emocionado y agradecido por haber empezado el día en Radio Popular, en una de las casas más genuinas del Athletic Club, desde la que se ha servido tantas veces el bacalao, cantado, narrado y descrito por Fede Merino, Jose Iragorri, Raúl Jiménez y Koldo Campo. Constato que el día de ayer estuvo lleno de belleza. De imágenes bellísimas de barcos, paisajes verdes, agua generosa, casas de colores rojos y blancos y  personas felices, de todas las edades, bañadas por el sol radiante y amable de la primavera. Imágenes que quedarán grabadas, además de en la memoria del móvil, en la de la gente que los llevaba. En su memoria personal y en la colectiva. Y como la belleza genera belleza, y detrás de ella viene la bondad, hoy tengo más motivos para ser optimista. Y tercero, la sensación, que t...

Vamos hombre

Egun on, Mikel. Cada vez estoy más harto de la vida en sociedad. Impone unos rigores del todo antagónicos con mi personalidad, o estado. Hasta en la tribuna. Resulta que en un córner, la pelota, después un despeje, un remate, rebotar en dos cuerpos y pegar en el larguero, fue rechazada por nuestro portero con gran alivio de la hinchada local y gran enojo de los visitantes, que reclamaban la concesión del gol. Una de estas últimas demandantes estaba sentada a mi derecha. Como estábamos a setenta metros del lugar de los hechos, más o menos desde donde se sacó esta foto, como desde ahí es imposible saber si lo que se mueve es un futbolista o un conejo, como la línea de gol no se ve porque la portería está en cuesta, como la señora portaba unas gafas cuyos vidrios eran tan gruesos como los de las mías y como parecía una mujer amable pese a sus gritos desaforados, me atreví con un comentario bienintencionado con el que aliviar esa tensión que amenazaba con provocarle una arritmia cardia...

El producto fútbol y sus subproductos (1): el megáfono.

Egun on, Mikel. A mí me gustaba el fútbol. Me gustaba tanto que iba a San Mamés una hora antes del comienzo del partido, porque había otros a los que gustaba el fútbol, e iban también una hora antes, y no había buen sitio para todos en la vieja Preferencia Norte de pie o en la nueva Grada Sur, también de pie, y convenía coger barra en la que posar el culo.   El ir por la Gran Vía era ya un estar, con camiseta sin marca, bufanda de lana sin mensajes y bandera con palo de madera de las que ya no se pueden meter al campo y con los que jamás vi a nadie agredi r a nadie.  Los cánticos empezaban a las cuatro y cuarto, cuando el grupo de voces daba ya para un coro. Y le cantábamos al aire, porque en el campo no había ni futbolistas ni más espectador que nosotros mil. Luego entonábamos a ratos, no todo el partido, por respeto al común de espectadores, de perfil sosegado. Teníamos un repertorio muy limitado de canciones, de ínfima calidad artística, pero que atronaban el estadio. Y no ...

El ser humano en busca de la infelicidad

Egun on, Mikel Ya sé que ya estás trabajando, pero eso no te excusa de leer filosofía.  En 1670, Pascal escribió que  "la infelicidad del hombre se basa sólo en una cosa: que es incapaz de quedarse quieto en su habitación." Yo pienso en ello a menudo. Lo hago cada vez que salgo a la carretera y veo la A-8 colapsada en dirección a Castro, Laredo y Noja, que son tres sitios donde los vizcaínos insatisfechos con su vizcainidad buscan compensaciones de algún tipo. Pienso en ello, también, y me recorre un escalofrío el espinazo, cuando la AP-7 me enseña Benidorm, y cuando veo imágenes de humanos venidos de los lugares más remotos, venidos incluso de Bilbao, porfiando a las siete de la mañana por un metro cuadrado de arena de playa en el que poner la toalla para juntarse durante horas con miles de personas semidesnudas que van y vienen e incordian y se alivian en el tiempo del baño, contribuyendo así de manera notable a la par que asquerosa al recalentamiento del ya recalentado Med...

Azul marino, que pega con todo

  Egun on, Mikel. hablando de ropa, a veces vestir de manera acorde a la dignidad, gobierno y edad de cada uno no es una cuestión de buen gusto, de educación, de respeto a las formas, de urbanidad o de como quieras llamarlo,   sino de estar bien asesorado. Es el caso de aquellas personas que, como yo, no saben qué color pega con cual, ni por qué, ni qué sienta bien o qué sienta mal., en esta o aquella estación, en esta o aquella circunstancia, o en esta o aquella época de la vida. No irás a salir así a la calle, me dijo una vez mi asesora de imagen, a la que nadie nombró para ese puesto, y que también es mi esposa. No me dijo que no se me ocurriera ir “así” a trabajar, o a una cita con alguien importante, o a una cita con alguien que fuera menos importante, o a una entrevista en televisión, o a un pase de fotografías, o a la boda de un sobrino, sino a comprar el pan, que es a donde iba, a un establecimiento que está a menos de 50 metros de casa, trayecto en el que era tan pr...

El asesino no es el mayordomo

Mi alma, o mi espíritu, o como llaméis a esa parte del ser humano inobservable a simple vista, está harta de mi cuerpo, porque no está lo que tiene que estar. Ni ve lo que tiene que ver, ni oye lo que tiene que oir, ni usa la agenda con buen criterio. Y le echa la culpa de todo. De que no vea lo resbaloso del piso y rompa el peroné, de que atraviese un cristal de dos por uno y haga trizas nervios, tendones y epidermis, o de que deje entrar en la boca una rodaja de calabacín grasosa e incandescente y abrase el paladar hasta dejar insensibles oído y olfato. Por poner solo los últimos ejemplos. Y, se ensaña, el alma, llamando al cuerpo imbécil, tarado y muñón. Y el cuerpo se mosquea, porque el alma lo trata como a un mayordomo incapaz. Y yo estoy empezando a sospechar que el asesino no es el mayordomo, digo, el cuerpo, sino mi alma.

Miradme con buenos ojos.

Egun on, Mikel. Mi natural despacioso, lento para algunos, parsimonioso para algunos más y desesperante para la mayoría, que hace del despiste la piedra angular, irónico casi siempre, sobre todo desde que Javier Cercas me reveló que la ironía es una forma de conocimiento tan útil como la ciencia, me ha conducido al desastre en innumerables ocasiones, cuando no a la incomprensión y al desprecio, como aquella vez en la que entregué, en el transcurso de un partido de fútbol, al robusto caballero que llamó hijo de la gran puta a mi hijo por un agarrón absolutamente necesario, falta técnica se llama ahora, justamente sancionado con amarilla por la colegiada, que es lo que tiene jugar de medio centro, que te desbordan, encaran, y tienes que enfrentar la disyuntiva, o lo derribo o el entrenador me derriba a mí de una torta en cuanto lleguemos al vestuario, pues bien, al fornido padre de familia le entregué, vista su ofuscación, y con la mejor de mis sonrisas, una tarjeta de visita de un médic...

Somos muchos, siendo uno

Egun on, Mikel. A la conclusión de que todas las personas somos muchas personas llegó mi cerebro después de oir una conversación absolutamente privada en la terraza de un bar, para cuya escucha no estaba yo autorizado, ni falta que hacía, porque el uso del espacio público no puede ser regulado hasta esos extremos, y porque fueron la velocidad del viento, el volumen con el que hablaban las otras personas y el hecho, no banal, ni secundario, de que en ese momento mi nervio auditivo, tan ausente tantas horas, tan a sus cosas, que a saber cuáles son, estuviera pendiente de cuanto ocurría a mi alrededor, las circunstancias que trajeron hasta mi el intercambio de palabras a que a continuación me refiero: - Es una bellísima persona. - Será para tí. Es verdad: somos muchas personas. Por citar solo los extremos, somos una persona abominable y una persona adorable. La enumeración de cuantas personas somos en medio de esos extremos excede los límites de lo que cabe en estas líneas insignificantes...

No debo ser de Bilbao

Egun on, Mikel. 14 de agosto, víspera de la Asunción. Oigo a Javier Diago, cofrade mayor de Begoña, hablar con emoción de la subida de la Virgen por la ría a bordo de una embarcación entre los aplausos de la muchedumbre. No debo ser de Bilbao. Aunque mi partida de nacimiento dice que nací en la clínica Usparicha, no he ido de romería a Begoña en la vida. Tampoco he ido nunca al teatro en agosto, ni a ver un espectáculo de La Otxoa. Aunque he vivido hasta los 36 años en la villa, no debo ser de Bilbao. No, porque cuando en la radio hablan los de la ABAO, la apago, porque no he pisado La Bilbaína jamás y porque nunca he hecho cola en San Nicolás para bendecir un   cordón de San Blas. No debo ser de Bilbao porque como los del centro de Bilbao no tenemos barrio no he ido nunca a las fiestas de mi barrio, y porque desde 1983 huyo de la ciudad en Aste Nagusia, por higiene. Mental y de la otra. Me da igual si en el once del Athletic hay o no hay vizcaínos. No he ido nunca de potes...

Con chándal y corbata.

  Egun on, Mikel. Hablando de vestires impropios, hay cosas que no hay que tolerar ni aunque se tengan veinte años. Y menos si uno ha dado alguna muestra incipiente de madurez. Un  profesor de treinta y dos años irrumpió en mi despacho con camiseta, bermudas y chancletas para preguntar cualquier chuminada de esas que se pueden preguntar a cualquiera pero que a algunos les da por preguntar al director, que es el que lo sabe todo. Qué panorama. Como ver a Tarzán con traje de liana en liana o al ministro Bolaños por Moncloa con chándal y corbata. La libertad, cuando se desata, puede provocar daños irreversibles en el buen gusto, o en el respeto a uno mismo, que es la base de todo. Empiezas enseñando los pelos de la pantorrilla, y cuando te quieres dar cuenta paseas por clase descalzo porque no puedes soportar que el plástico de las chanclas de 5 euros del Primark se te pegue a la planta del pie. Verdad es que las clases de la ESO en junio tendrían que estar climatizadas, ya en ...

Hablando de ropa

  Egun on, MIkel. Tienes razón en lo de las chanclas, y lo apunto para tratarlo en una próxima digresión, pero, hablando de ropa, yo creo que cada edad tiene su manera propia de vestir. Y que cualquier otra le es impropia. Lo digo sin rigideces y sin formalismos. La amplísima variedad que se ofrece en las tiendas ya da como para no tener que vestir con cincuenta como si se tuvieran veinte. Hay un momento de la vida en el cual determinadas partes del cuerpo deben permanecer ocultas a la vista de los demás. De esto no tengo ninguna duda. Por ejemplo, las piernas, en todo lo que ellas comprenden, desde el tobillo hasta la ingle. También la barriga, en un radio de un metro y medio desde el ombligo. O los brazos, desde la muñeca hasta el hombro. A partir de los cuarenta y pico eso ya no se enseña a nadie. Ni a uno mismo, si no es para lavar. La profusión capilar, cuando se da, convierte esas partes de algunos cuerpos en espectáculos especialmente repulsivos y deleznables. Así, y en ...

Y no sé qué es peor.

Egun on, Mikel. Aquel día de finales de junio amaneció con el cielo limpio y el suelo seco. Desde el balcón oía a algunos, de esos que hacen comentarios en voz alta mientras sus perros se alivian, suspirar y decir que ya era hora, porque la semana anterior estuvo pasada por agua y las temperaturas bajaron hasta los quince grados, y ambas cosas, entrado el verano, desasosiegan a los humanos más vulnerables. A otros les da igual. Particularmente, a muchos varones de más de 50 años y algo desinhibidos que, en cuanto el termómetro pasa de los 25 grados dos días seguidos, y ven en el calendario que están en junio, sacan de la parte de arriba del armario la caja donde guardan su media docena de pantalones cortos vaqueros con dobladillo por encima de la rodilla, y sus camisas de cuadros de manga corta, planchan las prendas, o se las hacen planchar, se las ponen, y ya no se las quitan hasta después del veranillo de San Martín, en noviembre.  Vestidos de esa guisa, y debajo del paraguas, po...
Egun on, Mikel. Si escribiese un diario, esta sería la entrada de hoy. Hablando de idiotas, convocan un encuentro de terraplanistas en Ciudadela. Con lo bonito que es Ciudadela. Un terraplanista es alguien que cree que la tierra es plana, y que la luna y el sol dan vueltas alrededor de ella. Pongamos que están hablando en serio, y que no se están quedando con nosotros. Si hablara en serio, un terraplanista sería una equivocación, un ser que debíó existir en el siglo VI pero que se ha colado en el XXI. Caprichos de la historia. Si hablara en serio, un terraplanista formaría parte de la familia de los conspiracionistas, personas que dicen que nuestros maestros de la escuela formaban parte de una gigantesca confabulación científista. Personas que, como puedes ver, siguen empleando neuronas caducadas por no haberlas renovado a tiempo, leyendo. Si hablara en serio, un terraplanista formaría parte también de la familia de los negacionistas, otra especie de idiotas que se va extendiendo despu...

Los adjetivos

Egun on, Mikel como el fútbol es como la vida, veo mucho fútbol a ver si aprendo algo de la vida.   Una de las cosas que he aprendido es que no es conveniente utilizar los adjetivos para un fin distinto del que tenían en el momento de su creación. Es lo que hace mucha gente es sus conversaciones estándar: las del bar, las de la salida del colegio de los hijos y las de pasear con las amigas y los amigos, ahora que se ha puesto tan de moda el hacer cinco kilómetros a las mañanas. En esos diálogos se reproducen con mucha frecuencia los adjetivos vergonzoso, impresentable y lamentable. Es lo que hicieron muchos al acabar la final de Copa aplazada de 2020, aquella en la que la Real Sociedad de Fútbol ganó al Athletic en un partido malísimo. Del Athletic oí decir que habían jugado un partido vergonzoso, impresentable e impropio. Y no. Jugaron mal. Igual de mal que la Real. O peor, a veces. Impropio es mandar a Errejón al médico desde un escaño del Congreso. De la derecha, el escaño. Impr...

El todo y la parte

Egun on, Mikel como el fútbol es como la vida, veo mucho fútbol a ver si aprendo algo de la vida.     Una de las cosas que he aprendido es que no se debe juzgar el todo por la parte.   Apunta.   Cuando un buen profesional se jubila, no lo juzques por esos cinco últimos años en la empresa, en los que no hizo otra cosa que dar por saco a todo el mundo. Esa es la parte. El todo es su trayectoria de 35 años.   No evalúes nunca a un alumno solo por su examen, porque la evolución, y el rendimiento, son más que una prueba escrita.   No digas de un partido que fue una mierda solo porque perdiste, porque el juego es más que el resultado.   No juzgues la final de Copa, aquella final aplazada de 2020, por sus últimos 30 minutos. Algunos ilustrados lo hicieron: “la Real fue superior al Athletic de principio a fin”, escribieron. Esto es, el todo, por la parte: porque hasta el minuto 60 nadie fue superior a nadie. Luego sí. La Real Sociedad de Fútbol...

El Bruselas

Egunon Mikel: yo de mayor quiero ser Europa, y que mi trabajo sea dar recomendaciones a los países. Levantarme a las mañanas y convocar a mis asesores y al responsable del Gabinete de Ocurrencias y preguntar a ver qué podemos recomendar hoy, huevos con beicon, señor, no, hombre, en plan política y así, ah, pues que reabran las fronteras en cuanto puedan para reactivar el turismo, buena idea, es corta, con mucho sentido común, no les compromete a nada..., venga, trae el boletin y la escribimos. Y al cabo de dos horas, tomando un vermú con Carpano debajo de un cuadro de Tapies y al lado de un ventanal con vistas a la Grand Place, poner el noticioso y escuchar: "Bruselas recomienda..."

El terrazas

Egunon Mikel: empecé a pensar que las terrazas son un lugar inhóspito cuando Emilio me explicó que lo más del verano en Santa Pola era tomarse una paella en una de ellas con la única separación de un bolardo entre el arroz y el CO2 del escape de los coches con matricula de Madrid que circulaban por la calzada, y desde entonces, las he mirado con ojos inquisidores, es decir, con ganas de pegarles fuego, dejando así más sitio para que por las aceras puedan transitar personas, animales y objetos, asunto muy importante en unas pocas fechas, cuando lleguemos a la fase que corresponda, sin tener que reducir al mínimo, ahora que la cosa está jodida, la distancia que nos conviene guardar entre humanos, por mor del metro y poco que deja la terraza entre ella y el local al que pertenece. Y aquella mirada de Torquemada a esos conglomerados de desorden se ha ido con el tiempo convirtiendo en repelús y escalofrío al ver multiplicarse el plástico que los conforman, polietileno para depositar el...

El vocablos

Egunon, Mikel ¿Sabes si alguien se ha molestado en leer el pie de página de la Orden Ministerial que establece entre las medidas sanitarias el establecimiento de una distancia de seguridad de 2 metros entre personas, y que dice que a la ampliación del espacio entre seres humanos le corresponde una corrección inversamente proporcional de los tiempos de parloteo en las tiendas mientras haya cola a la puerta, que parece que hay gente que tiene que decir un determinado número de palabras cada día, y como no las dice en casa, porque ya no le aguanta nadie, pues sale a la calle a agotar el cupo con la farmacéutica, el carnicero, la panadera y el frutero, con un interés insano en cómo se encuentran todos los familiares de cada uno de ellos, que hasta los cojones están de repetir las mismas chuminadas a todas las clientas agotadoras y en compartir hasta los detalles más irrelevantes de la vida propia, que, ahora, en tiempos de confinamiento, es una mierda de vida exactamente igual a la de cu...

El ventanas

Egunon Mikel ¿No te sientes muy observado cuando vas al súper? Pues es porque a la sombra del cornavirus se multiplican personajes pintorescos, entre los que prolifera, por encima de muchos, y solo superado por el notas, el ventanas. El ventanas se levanta temprano, hace sus abluciones, desayuna frugalmente y se sienta junto a la ventana con su cuaderno de confinamiento, en el que va apuntando sus observaciones: "la señora del 8 va camino de la panadería". Y luego deja vagar a sus pensamientos: "a ver si hace como ayer, que fue tres veces a la panadería, para darse una vuelta, supongo; lo que es raro es que todavía no haya salido el calvo de gafas con el perro, ah, si por ahí viene". Y anota "el calvo del perro pasa tres veces en veinte minutos". Y sus pensamientos, "¿pero no era el mínimo tiempo posible y lo más cerca posible de la casa de uno? Vete a tu casa ya, caradura." Asi le dan las dos. Niceto, a comer, escucha. Come con su señora, qu...