Ir al contenido principal

Azul marino, que pega con todo

 

Egun on, Mikel.

hablando de ropa, a veces vestir de manera acorde a la dignidad, gobierno y edad de cada uno no es una cuestión de buen gusto, de educación, de respeto a las formas, de urbanidad o de como quieras llamarlo,  sino de estar bien asesorado. Es el caso de aquellas personas que, como yo, no saben qué color pega con cual, ni por qué, ni qué sienta bien o qué sienta mal., en esta o aquella estación, en esta o aquella circunstancia, o en esta o aquella época de la vida.

No irás a salir así a la calle, me dijo una vez mi asesora de imagen, a la que nadie nombró para ese puesto, y que también es mi esposa. No me dijo que no se me ocurriera ir “así” a trabajar, o a una cita con alguien importante, o a una cita con alguien que fuera menos importante, o a una entrevista en televisión, o a un pase de fotografías, o a la boda de un sobrino, sino a comprar el pan, que es a donde iba, a un establecimiento que está a menos de 50 metros de casa, trayecto en el que era tan probable que me cruzara con alguien como que lloviera en Doñana.

Para no tener que depender de estos consejos externos, tan incómodos de pedir como vergonzantes de dar a personas que tienen ya una edad, ordené el interior de mi armario de manera que de cada percha cuelgan, unidas, la camisa y el pantalón con el que pega, siempre a juicio de un tercero, claro. De los calcetines paso porque procuro llevar pantalones lo suficientemente largos como para que no se vean en ningún momento, ni estando sentado. Y por encima de la camisa siempre llevo algo azul marino porque cuando voy a comprar ropa  pregunto a quien me atiende si lo que me llevo pega con el azul marino, y si es que no, me llevo otra cosa, normalmente, la que ella me diga.

Y si no me gusta, me aguanto.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

un regalo original

Ya tengo pensado lo que voy a regalar en Navidad. Unos canadienses han inventado la chaqueta inteligente, capaz de detectar el estado de ánimo de su portador, y de subirselo, si fuera necesario, a través de la reproducción de archivos multimedia. Cuando la prenda, gracias a sus sensores, identifica en el portador una emoción decaída, se conecta a Internet y le ofrece, gracias a un altavoz que tiene en la capucha, canciones o frases para reconfortarle. La chaqueta tambien puede proyectar imágenes emotivas o texto en una de sus mangas. Imagínate, que vas por la Gran Vía y de repente una señora deprimida encapuchada con la que te cruzas empieza a emitir el I was born to love you de Freddy Mercury a todo volumen, qué susto. Y que cuando te giras para mirar lees en los neones de sus brazos Dios te quiere , o Mariano te ama , o soy fea pero resultona . Aunque yo ya tenía una chaqueta anti - estrés. Con los bolsillos llenos de chocolatinas. Y sin tanta mariconada.