La novela que estoy leyendo empieza con la advertencia al lector de que
el libro tiene una falta de fundamento histórico impresionante. Es de
agradecer. Pero yo creo que la historia, en sí, tampoco tiene ningún
fundamento. También creo que lo que ahora vivimos, la era del inicio del
inicio, tiene menos fundamento todavía. Así que si lo real no tiene
fundamento, ¿para qué pedírselo a los libros? Yo, que soy en algunos
detalles un adelantado a mi tiempo, ya decidí en su momento que este
blog carecería del más mínimo rigor y fundamento, que los hechos que en
él se describen pueden haber pasado o no, que las personas que se pintan
como bondadosas pueden ser unas arpías y viceversa, y que yo mismo no
tengo ni idea ni de quien soy. Por eso me limito a rebuscar en el tupido
bosque del sinsentido una palabra que haga sonreir. Con eso basta, y
que se dejen de fundamentos.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Comentarios
Publicar un comentario