En lo que llaman el inicio del inicio, el nuevo Gobierno ha empezado por tocar los cojones,
digo los puentes. Todos los Santos y la Constitución, que caen en
jueves, se van al viernes. Como van a tener tres o cuatro cosas que
lidiar con Rouco, no se han atrevido con la Navidad, la cual se mantiene
el martes 25 de diciembre, con lo gracioso que hubiera sido celebrarla
el 24 y adelantar la Nochebuena al 23, como hice yo un año que la gente
se iba a esquiar. El problema es que en el calendario que todo el mundo
tiene ya colgado en la cocina de su casa, el de la BBK, no aparecen
recogidos tales cambios, y va a ser peor el remedio que la enfermedad,
los rojos en negro y los negros en rojo, y luego, al lado, el calendario
de la escuela, el del Instituto, el de las piscinas, el de la escuela de baile, que hacen falta dos paredes, todos diferentes, un desastre.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
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