Siguiendo con lo de ayer, hoy se me ocurren dos preguntas, ambas de teología. ¿No es cierto que, hoy en día, un café humeante revela más a Dios que una zarza ardiendo? Y si lo es, ¿por qué personas como Munilla siguen teniendo algo que decir en la Iglesia?
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Con un café humeante y unos amigos compartiendo experiencias con cariño, seguro.
ResponderEliminarNo sé si lo dices especialmente por la última homilía después de la noticia de eta, es que no suena a mensaje que salga del corazón, con naturalidad y desde la fraternidad del evangelio. Suena a tan pensado desde la tradición, a tan poca frescura desde lo que es conveniente decir, que hasta la idea importante del perdón suena a exigencia forzada y con un olor a rancio....
No sé, con la responsabilidad que un alto representante de la iglesia debería sentir, para ponerse en la piel del Jesús de Nazaret y pensar qué diría Él en el siglo XXI, sabiéndose cómo se enfrentaba a lo que vivió y con 2000 años más de humanización.....
¡¡¡Ya sé que era Dios!!!!, pero
¡Jobar, qué nos dejo a su Espíritu para soplarnos!.....
Y yo aquí, como una lerda, intentando contestar tus preguntas retóricas.
Pero es que "me duele la iglesia".