Hay cosas que están hechas a mala leche: los abrefácil de los tetra briks de Kaiku, la linea de puntos que separa cada bolsa de basura de la siguiente, los embalajes de plástico de los envases de una docena de huevos, el agujero para meter la pajita en los zumitos de 20 cl., las bolsas de plástico que contienen cereales, y que no se pueden abrir si no es con tijeras, las tapas flexibles que llevan ahora muchas latas de atún, el pan de media cocción, las bolsitas de ketchup del Mc Donalds, los programas informaticos de la Consejería de Educación del Gobierno Vasco, las anillas de las latas de coca-cola, los pimientos rojos del DIA, que vienen envasados en bolsas individuales, la mantequilla con sal, la fácil de untar, el diseño de las tiendas de IKEA, el de los aparcamientos de Portugalete, la proliferación de señoras obesas que ocupan de cuatro en fondo los bidegorris, y muchas cosas más.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
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