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que te den por muerto

En una empresa hicieron un simulacro de evacuación y, como pasa siempre, veinticinco empleados se quedaron dentro: que si tengo trabajo, que si déjate de mandangas, que si hace frío en la calle. El resto de empleados, los que se tomaron en serio el simulacro, que para eso se gasta las perras la empresa y para eso se desvelan los respresentantes sindicales, los dieron por muertos, a los veinticinco, y no les hicieron ni puto caso durante una buena temporada. A veces, cuando no les quedaba más remedio, se dirigían a ellos con una pinza en la nariz, por el olor, porque todo el mundo sabe que los cadaveres despiden una peste asquerosa si no se los trata como se debe, con conservantes, y a una temperatura adecuada.

Desde entonces tengo claro que, igual que se puede simular un incendio, se se puede simular la muerte. La ajena, claro. La propia es imposible porque siempre acabas teniendo hambre, o frío, o te accede un gas. Cuando un ajeno simula tu muerte se llama "date por muerto", y en su acepción más cotidiana, "date por jodido". Cuando caes en esa situación se nota por el olor que despides. Y eso te hace sentirte incómodo con el que te da por culo, digo por muerto, y con todos los demás.

Vivir es eso. Ir muriendo a este, a ese, a aquel, hasta que te mueres del todo.

Comentarios

  1. Esto que dices es como el budú, pero sin alfileres y muñeco y en países desarrollados.

    Ocurre cuando se ningunea.

    Sucede cuando se hace que alguien parezca invisible.

    ¡Jobar con los personas y sus obsesiones!

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