Ir al contenido principal

Orden

Una de las experiencias más sorprendentes del año es cuando me pongo a ordenar el cuarto de mis hijos, acabado el curso.

Este año tres hallazgos llamaron mi atención por encima de los otros treinta. El primero fue un bocadillo en avanzado estado de descomposición que se alojaba detrás de la caja del microscopio (si dentro hay un microscopio, lo ignoro). Que era bocadillo saltaba a la vista, porque en mi casa no envolvemos otra cosa en papel de plata, aunque con mis hijos nunca se sabe. Y que se descomponía lo decubrí porque los seres vivos que lo habitaban habían empezado a comerse el albal, no vayáis a pensar que tuve la osadía de abrir el papel de plata de un bocata que llevaría allí ni sé los meses, para ver de qué era.

Otro fue un diario que mi hijo escondía en una caja de galletas con migas, y que empecé a leer con absoluta indiscreción por donde decía querido diario y no se qué de una novia y no quise leer más, por rubor. No sabía que escribiera nada, qué ilusión.

Y el tercero fue una lata de anchoas que alguien había intentado abrir sin ninguna pericia, clavando la anilla de la tapa y perdiéndola luego. A través del orificio practicado ví que dentro se movía algo.

Pero no quiese investigar más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

un regalo original

Ya tengo pensado lo que voy a regalar en Navidad. Unos canadienses han inventado la chaqueta inteligente, capaz de detectar el estado de ánimo de su portador, y de subirselo, si fuera necesario, a través de la reproducción de archivos multimedia. Cuando la prenda, gracias a sus sensores, identifica en el portador una emoción decaída, se conecta a Internet y le ofrece, gracias a un altavoz que tiene en la capucha, canciones o frases para reconfortarle. La chaqueta tambien puede proyectar imágenes emotivas o texto en una de sus mangas. Imagínate, que vas por la Gran Vía y de repente una señora deprimida encapuchada con la que te cruzas empieza a emitir el I was born to love you de Freddy Mercury a todo volumen, qué susto. Y que cuando te giras para mirar lees en los neones de sus brazos Dios te quiere , o Mariano te ama , o soy fea pero resultona . Aunque yo ya tenía una chaqueta anti - estrés. Con los bolsillos llenos de chocolatinas. Y sin tanta mariconada.

La malvada sociedad del bienestar (1)

Junto a sus muchas bondades, como el alargamiento de la esperanza de vida de los seres humanos, el diseño actual de la sociedad del bienestar encierra algunas maldades que me veo en la obligación de sacar a la luz. Es tal la cantidad de años que se le abren por delante a la persona, que, para aligerar el coste de mantenimiento de huesos y tendones, el sistema diseña artilugios que acortan por el lado de allí lo que la dieta mediterránea alarga por el lado de aquí. Hay muchos de estos inventos, darían para una serie de estúpidos comentarios como este, pero hoy voy a referirme a las fundas nórdicas, objeto que se ha generalizado en la misma medida que Ikea ha ido sustituyendo a Pedro Salcedo en el diseño y suministro de ropa de cama para bilbaínos y bilbaínas. Que hay que ser bobo, porque esta tienda del Casco Viejo regalaba siempre la confección de cortinas a quien compraba un par de sábanas. Bajera, encimera y manta. Y ya está. Así dormíamos. Pero no, ahora toca la funda, con su rellen...