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Vivir y morir en la frontera

Para trabajar en la entrada o en la salida del escáner de un aeropuerto hay que tener paciencia. Porque ves muchas cosas, y estás en contacto con la realidad del ser humano en sus aspectos más prosaicos: ves adónde miramos cuando nos quitamos o nos ponemos los cinturones, cuantos tomates tenemos en los calcetines, qué cosas nos olvidamos, en fin.

Pero la paciencia tiene un límite. Eso lo sabe todo el mundo. Y cada uno tiene el límite en un punto. Y cuando se llega a ese punto...

Ayer por la mañana había uno dando los avisos de rigor a los dormidos pasajeros que hacíamos las cosas como autómatas: no se olviden nada, revisen el contenido de las bandejas, hagan del favor de dejar las bandejas vacías sobre las mesas, no olviden nada, revisen el contenido de las bandejas, no olviden nada, hagan el favor de dejar las bandejas vacias sobre las mesas, revisen el contenido de las bandejas, no olviden dejar las bandejas vacías sobre las mesas...

Y luego repitió, como para sí:

- o debajo de las mesas, o en el coño mi madre...


Lo miré, y sonreí. Como solo se puede sonreir a los límites de la paciencia.

Comentarios

  1. Es inhumano tener a una persona repitiendo cuatro frases idénticas durante 8 horas.

    Y aunque sean 4 horas, que no sé si esperan a que se cumpla el horario o le cambian cuando del policía de al lado le ve con los ojos dándole vueltas como a Sarita Montiel.

    Cuánto mejor un loro de colorido precioso, que para aprender frases y repetirlas son únicos y alegraría la vista; pero como entorpecería el tráfico porque se pararían a decirle algo.....sería ideal una grabación.

    Que no es quitar el puesto de trabajo a nadie, sólo pensar en la dignidad del trabajador.

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