Ir al contenido principal

Casi nunca

Cuando en el viaje en avión no hay turbulencias, me imagino frases que empiezan por una palabra dada por mi mente. Esta vez había que empezar la frase con la palabra NUNCA aplicada a uno mismo. Me dí cuenta de que no hay nada que no haga nunca, así que la sustituí por CASI NUNCA. Y mi mente no se opuso.

Casi nunca digo que no a un café. Casi nunca tengo más de diez euros en el bolsillo. Casi nunca bebo cerveza. Casi nunca salgo de fiesta. Casi nunca me caigo por las escaleras de casa. Casi nunca atino a la primera con casi nada. Casi nunca me acuerdo de los cumpleaños. Casi nunca tengo prisa. Casi nunca voy a Santiago. Casi nunca cojo un avión que no vaya o venga de Madrid. Casi nunca me parece interesante lo que dice el Obispo. Casi nunca veo la tele. Casi nunca me levanto tarde. Casi nunca desayuno croissants, y nada me gusta más que un croissant. Casi nunca me enfado más de tres veces en un día. Casi nunca encuentro lo que busco. Casi nunca me aburro. A no ser que vaya en un avión y no haya turbulencias.

Comentarios

  1. Pensando lo que dices, se me ocurre preguntarte si el uso de los ebooks electrónicos está tan prohibido en el avión como el de los móviles.

    Supongo que no se permitirán, porque si no, estarías leyendo "La cultura del miedo" de Noam Chomsky, por poner uno cualquiera.

    Lo que deberías cambiar, chico, tampoco es un lujazo de excéntrico, es lo de premiarte algún día con un croisant en el desayuno. Al menos cuando vayas a sacarte sangre para las pruebas de la empresa.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.

un regalo original

Ya tengo pensado lo que voy a regalar en Navidad. Unos canadienses han inventado la chaqueta inteligente, capaz de detectar el estado de ánimo de su portador, y de subirselo, si fuera necesario, a través de la reproducción de archivos multimedia. Cuando la prenda, gracias a sus sensores, identifica en el portador una emoción decaída, se conecta a Internet y le ofrece, gracias a un altavoz que tiene en la capucha, canciones o frases para reconfortarle. La chaqueta tambien puede proyectar imágenes emotivas o texto en una de sus mangas. Imagínate, que vas por la Gran Vía y de repente una señora deprimida encapuchada con la que te cruzas empieza a emitir el I was born to love you de Freddy Mercury a todo volumen, qué susto. Y que cuando te giras para mirar lees en los neones de sus brazos Dios te quiere , o Mariano te ama , o soy fea pero resultona . Aunque yo ya tenía una chaqueta anti - estrés. Con los bolsillos llenos de chocolatinas. Y sin tanta mariconada.