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Caseras brujas

Una de las cosas que me llevaron a comprarme un piso es no tener que aguantar a una casera. Las dos que he tenido eran mujeres invasoras, pelmas, farragosas, abrasivas y pedorras.

Pero ninguna era bruja. Esas cosas solo les pasan a unos pocos elegidos, como mi suegra. Su casera es medium, y le ha pedido que se vaya de casa porque la energía de los muertos no puede convivir con la de los vivos. Cosa que todo el mundo sabe, por otra parte, porque es de Física de 1º.

De todas maneras, si mi casera me hubiera dicho eso mientras íbamos en un trolebús por la Castellana y de noche, me hubiera planteado bajarme en la siguiente y correr despavorido.

Pero mi suegra no, porque tiene noción de lo que ocurre en el más allá.

Cuando contó este sucedido, a los postres de la comida del día de San Esteban, me dió reparo preguntar cuál de los dos tipos de energía lleva ella, que le hace incompatible con la casera.

Más que nada, porque quería dormir después.

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