Desde que pusieron una tienda de mascotas en la calle San José ando dudando entre si comprarme un perro o un gato. Porque lo del hurón lo descarté al ver sus cacas, puaj. ¿He dicho ando? No. Andaba dudando. Ya he tomado la decisión. Será un gato. Porque he conocido que una cuadrilla de desocupados, digo un grupo de investigadores del prestigioso departamento de tecnología de la Universidad de Massachussets ha podido comprobar que los gatos beben agua de manera mucho más silenciosa que los perros, gracias a que combinan perfectamente las fuerzas de inercia y de gravedad, al poner su lengua en forma de J, mayúscula claro, y recoger con la parte de abajo de la jota, digo de la lengua, el agua y depositarla después suavemente en el orificio que corresponda. Los perros no. Son más guarros que un señor que tenía hospedado mi suegra, que sorbía la sopa directamente del plato, sin cuchara ni nada, y hacen un ruido insoportable. Y de ruidos tengo bastante con los de mi estómago y los de los camiones de basura de las seis de mañana.
Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
Ten en cuenta también, el dicho de toda la vida:
ResponderEliminarel gato es de la casa;
el perro, es del dueño.
Y en cuanto a las cacas de ambos, también se cumple:
las del gato, en la caja de casa,
las del perro...son del dueño, salvo que sea un guarro integral.