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Las cosas del suelo no se cogen

Cuando era pequeño, me decían que las cosas del suelo no se cogían, que estaban llenas de mierda. Y si luego te las llevabas a la boca, peor. Menudo plastazo nos caía en la mano.

Hoy día, al ver la misma escena, hay padres que ni se inmutan. Vitamina M, dicen.

Deben tener un gen musulmán. Porque cuentan que Mahoma, una vez, encontró una miga de pan en el suelo, la recogió y se la comió, diciendo que debemos valorar los favores que Dios nos concede.

A lo mejor es que las migas lo llamaban, porque también he oído contar que la gente que comía con Mahoma oía voces procedentes de los alimentos.

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Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.

Declaración de intenciones

Las lágrimas se guardan para los entierros, y la vida hay que buscarla allí donde lo dejan a uno. En una casa buena de Cádiz o en el infierno. Donde sea, donde se pueda El asedio, de Arturo Pérez Reverte Esta es la sabiduría de Felipe Mojarra, salinero, de la Isla, de barro hasta las rodillas y que pelea contra el francés, en el año de 1811, en la Bahía de Cádiz, sin saber por qué. Y esa es la que buscaré compartir con vosotros cada mañana desde este rinconcito de la red. ¡Qué gusto volver a escribir!
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