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No se altere

- Sí, dígame. - ¿Es usted Pedro Mendigutxia? - El mismo. - Le llamo del ambulatorio de Ortuella, no se retire que le paso con la persona especializada... No me dió tiempo de preguntar especializada en qué, porque me puso una música horrible y me tuvo en espera algo que se me antojó una eternidad, pero que en realidad no pasarían de los cinco minutos. Al cabo de este tiempo me habló una voz masculina desde el otro lado de lo que sea. - ¿Qué desea?, me preguntó. - qué desea usted , repuse, yo no he llamado . - ¿Pero con quien quiere hablar? (otra pregunta absurda) - Que no quiero hablar con nadie, que yo no he llamado. - Pues en la pantalla pone ambulatorio de Zuazo, debe haber un cruce de lineas. - Pues habrá, ¿y usted quien es?. - Yo soy del Hospital de Cruces. - Pues le voy a explicar, que lo veo más perdido que yo. Yo estaba tranquilamente en mi casa, y me han llamado del ambulatorio de Ortuella para decirme que me iban a poner con una persona es...

Vergüenza zoológica

Una de las cosas a las que dedico el tiempo es a leer cosas de hace seis meses. Me imagino cómo era mi vida entonces, entre los pinos de la Costa Brava, y todo se me hace más fácil, y me duele menos la vida, digo la pierna. Citaba Sánchez Ferlosio, en El País del 7 de agosto, al Marqués de Bradomín, cuando este dice (Sonata de Estío, de Valle Inclán) que al " al ver los puñetazos pueriles y grotescos en la cubierta de la goleta, descubrí una nueva versión de la vergüenza: la vergüenza zoológica ". Así es como ven muchos el deporte, y no es extraño. Los que gustamos del fútbol solemos cubrirlo de una pátina de sentimientos y glamour, pero debajo no hay mucho más que esos comportamientos animales, rodeados de bastante interés mercantil. O sea, mierda. Ahora comentan la patada de De Jong a Xabi Alonso en la final del Mundial, ¿os acordáis, qué bestia?. Pero siempre ha sido igual. Otros futbolistas, internacionales, han hecho lo mismo. Simeone pis...

Eider

Rara vez se conocen personas extraordinarias. Porque hay muy pocas, claro. Pero es que en mi caso, además, el natural despistado ayuda poco, y la vida parece colocarme siempre en la porteria contraria a aquella en la que se saca el córner. Así que las personas extraordinarias se me hacen doblemente extraordinarias, y yo me congratulo el doble, por mi suerte. Se caracterizan porque saben vivir mejor que los demás, en todos los sentidos, y porque hacen más felices a la gente. Y más tiempo. Y más seguido, sin altibajos. Y no se cansan. Y les gusta Paris. Claro. Les pasa lo que a todos, que se les pegan las lentejas, que se llevan disgustos en el trabajo y que los suyos enferman, y se les mueren, pero para todo tienen un ritmo, sereno, vital, extraordinario. Brindo esta noche con ella, por la vida de su aita, con una copa de Trasnocho, que tenía guardada para esta ocasión.

maldita nerea

Hoy estoy un poco más animado porque he tomado un marianito con rabas de aperitivo. Ayer también lo estuve porque me acordé de que mi mujer y yo nos metimos a medias una botellita de cava para celebrar que habíamos sacado unas notas estupendas. También estoy más animado porque he ido a hacerme una resonancia magnética y dentro del aparato me han puesto unos cascos con los cuarenta principales, y así apenas se oían los ruidos mientras escuchaba maldita nerea.  Y porque para comer me han dado una ensalada que no la hace ningún chef de esos modernos. Que si la alineamos con la merluza con champinones de ayer y con los garbanzos con carne mechada del sábado convierten a su autora en la más alta representande de la comida de altura hecha en casa de todo el barrio. Y porque está más cerca el día en que se acabe este sinvivir.

Laxante

Mucho se ha hablado sobre los efectos beneficiosos del trabajo sobre la salud. La mayoría de las cosas que se han dicho, chorradas. Sin embargo, una vez anduve tomando unos opiáceos que me calmaban el dolor pero me producían estreñimiento. Y como no era cuestión de saturar al organismo, combatía esto último con dósis extras de fibra en los cereales de la mañana y de la noche, nada de botica. Y ningún resultado, tampoco. Hasta que me puse a trabajar dos horas sobre un informe en el que unas personas que no habían hecho nada contaban como habían hecho todo. Oye, como nuevo. A por más opiáceos para el dolor.

no voy

Querido médico especialista: como en la última visita que realicé a su consulta la presencia de mi cuerpo le resultó del todo irrelevante, he decidido que esta mañana lo visite mi esposa, dejando mi cuerpo en casa. Usted ya se entenderá con ella. Lleva los resultados de las pruebas, los de los análisis y todo, y para explicar cómo estoy y si me duele se arregla estupendamente. Que tenga un día espléndido,

que se vayan a su casa

Una de las costumbres sociales más nefandas es la de visitar a familiares enfermos a los hospitales. No sé cómo no lo prohíben, siendo tan claramente atentatorio a los derechos humanos más intimos y personales, como tirarse pedos u oler a sobaquillo. Se somete además al enfermo a la obligación de recordar una y otra vez su dolencia, para explicarla ahora a una tía sorda, luego a una tía que no quiere oirte, sino que viene a hablar de cosas que no le interesan nada a nadie más que a ella, y luego una tía (todo suelen ser hermanas de padre o de madre) que no tiene nada mejor que hacer, lo que quiere decir que no sabe vivir, porque hay dos o tres cosas mejor que hacer un domingo por la tarde que visitar a un sobrino a un Hospital, como ir a ver Torrente 4 o seguir la jornada de fútbol en carrussel, o hacer madalenas. Tampoco entiendo que los Hospitales limiten a dos el número de personas que pueden estar por paciente en una habitación, cuando eso ya da la posibilidad de que ...