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Aquí y allí

Egunon, Mikel,

La diferencia entre aquí y allí no se termina de entender con un programa de Barrio Sésamo, ni incluyendo los adverbios en el curriculum año tras año. Primero, porque ya no dan Barrio Sésamo en la tele y segundo, porque el curriculum no recoge que, desde que el mundo está globalizado, el aquí y el allí no son lugares geográficos, sino que su ubicación depende de la sensibilidad de cada uno. Así, para un niño que esté sentado en un aula de un colegio de Barakaldo, Ankara es aquí y Paris es allí. Y para otro que está sentado a su lado, Ankara es allí y Paris es aquí.

La diferencia entre el allí y el aquí está mediada por la otra diferencia, más fundamental, como señalaba Innerarity, entre el nosotros y los otros. Y entonces ya estamos a vueltas, otra vez, con la identidad.

Y ahí es donde la escuela pública, incluida la concertada, pone en juego su razón de ser: construir la humanidad. Yo la emplazo a trabajar en un nosotros que no se entiende a partir de himnos, ni de banderas, ni de mapas, ni de creencias religiosas. Un nosotros en el que cabe toda la humanidad doliente, todos los niños de la tierra que sufren un sufrimiento insoportable, inaceptable. Un nosotros que incluye a todos los migrantes, todos los huidos de sus casas, todos los perseguidos por causa de la injusticia que generan otros. Y un otros en el que están los que generan la injusticia, y los que engordan, ellos y sus bolsillos, con ella.

Una escuela amiga del rigor y enemiga de la estupidez, que envíe al rincón de pensar a los que dicen , por ejemplo, que hay que proteger el nosotros Europa del trigo sucio que se esconde entre los refugiados, aunque sean obispos.

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Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.
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