Ir al contenido principal

El cielo y el suelo

Egunon, Mikel.

Algunas veces, cuando queremos hablar de lo maravillosa que es una ciudad, hablamos de su cielo. ¿Pero sabes por qué el cielo es distinto de una ciudad a otra? Por su suelo, el cual refleja.

El suelo es por donde van las personas. El suelo lo forman las calles y los parques, los bancos y los árboles, los palacios y los cafés. Y cuanto más limpio está el suelo, mas bonito luce el cielo.

El suelo lo limpian las personas, también. El de Madrid, personas que viven en Carabanchel, o en Móstoles, y no en el barrio de Salamanca. En Paris, personas que viven en Sant - Denis, y no en el Boulevard Sant - Michel. Esas personas limpian sus apartamentos por las mañanas y nuestras calles por las noches, y así, cada mañana dejan el cielo listo para las fotos de los turistas y las canciones de los poetas.

La belleza del cielo de Madrid, y de París, nace de las manos de los obreros que pueblan sus suburbios.

Muchos de ellos vienen Sur, esté donde esté el Sur, y por eso las calles que limpian quedan tan bellas.

Y los cielos tan relucientes.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Agur, Miguel

Miguel Salaverría era un hombre bueno. Sirvió a los hombres y a los niños con las cosas de Dios. Cuando se ocupó de las obras de la Catedral de Bilbao, dejó grabado en un capitel el escudo del Athletic. No vaya ser que te traspongas en el rezo y te pienses que estás en Notre Dame de París, o en Chartres. Le escuché hablar de la muerte muchas veces, así que seguro que se preparó para cuando llegara. Quiero creer esperó a que acabara el partido de anoche en Alemania para entrar en el cielo sacando pecho, y que a estas alturas habrá vendido más camisetas rojiblancas entre los santos que Messi entre los chinos. Descansa en paz, amigo de los niños y de Dios.

Declaración de intenciones

Las lágrimas se guardan para los entierros, y la vida hay que buscarla allí donde lo dejan a uno. En una casa buena de Cádiz o en el infierno. Donde sea, donde se pueda El asedio, de Arturo Pérez Reverte Esta es la sabiduría de Felipe Mojarra, salinero, de la Isla, de barro hasta las rodillas y que pelea contra el francés, en el año de 1811, en la Bahía de Cádiz, sin saber por qué. Y esa es la que buscaré compartir con vosotros cada mañana desde este rinconcito de la red. ¡Qué gusto volver a escribir!
Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres. No es ya un extraño país lejano en el horizonte, es cita donde me aguardan pupilas que me conocen, labios que me dieron besos, pieles que llevan mis roces. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, de gestos ya conocidos de amor, de abrazos que acogen, en los que revivir puedo amadas palpitaciones, y tantos y tantos sueños que aguardan consumaciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones: me gusta saber que Dios prepara para los hombres Paraísos que permiten recuperar los adioses. Allí se me van llegando uno a uno mis amores, con besos hoy silenciosos que tendrán resurrecciones. Se me va poblando el cielo de rostros y corazones, se va volviendo mi hogar, llenándoseme de nombres.